martes, 19 de febrero de 2008

Sesión 15: Bismarck: Prusia obtiene Alemania

La última vez hablamos del proceso de unificación de Italia, y utilicé la oportunidad para reflexionar acerca de temas históricos más grandes, vinculando a Italia con el Romanticismo, el Liberalismo y el Nacionalismo, así como también con la política emergente de grandes poderes en Europa que exportaría una serie de problemas alrededor del mundo. Tomando esto en cuenta, el camino de Prusia hacia la unificación alemana es importante para nosotros en dos niveles. Primero, su surgimiento como una gran potencia cambió fundamentalmente el mapa de Europa. Desde el momento en el que el Imperio Alemán fue fundado en 1871, las reglas de la competencia internacional cambiaron, al entrar al juego un rival nuevo y poderoso que los británicos creían haber derrotado. Segundo, el surgimiento de Prusia ocurrió a costa de Austria. Austria, que había sido una gran potencia desde el siglo XVI, fue desplazado a un segundo plano. Ahora era un estado vasallo, capaz de hacer tan solo lo que Alemania le permitía. Así, ahora quiero considerar el problema del Imperio Alemán desde la perspectiva de la batalla entre Austria y Prusia por el liderazgo de la Nación Alemana. Veremos que una vez que este problema se resolvió, muchos otros aparecieron. Comenzaré en el año de 1848. En las áreas de habla alemana de Europa, la noche de la revolución de 1848 fue testigo de un auge en la emigración. Esto fue en parte por la continua represión política que se había vuelto característica en toda Alemania. Pero también fue mucho debido a los problemas económicos que la mayoría de Europa enfrentaba a mediados del siglo XIX. En 1846, 95’000 alemanes habían dejado su tierra natal; en 1847, 110’000 alemanes emigraban. La revolución y la reacción política que le siguió tan sólo intensificaron esta tendencia. Inicialmente, el número de emigrantes se redujo: entre 1848 y 1850, fluctuaron entre 80’000 y 90’000. Después de que la Revolución fracasó, sin embargo, el flujo de emigrantes volvió a crecer. En 1851 hubieron 113’000; en 1852, 162,000; en 1853, 163,000; y en 1854, 300,000. Así, un tema central de la Alemania del siglo XIX es la reacción de la clase media Alemana a la desilusión de 1848.
Este aumento en la emigración alemana después de 1848 tuvo pocas justificaciones económicas, ya que la economía había estado expandiéndose por un tiempo. La razón real de la emigración era política. Un gran número de líderes liberales dejaron aquellos estados en los cuales los regimenes antiguos habían sido restaurados. Maestros, abogados, doctores, poetas, músicos, e incluso oficiales se fueron, llevándose consigo sus fortunas, que valían colectivamente por lo menos novecientos millones de marcos oro. Esta gente se había movilizado para obtener gobiernos más liberales y un estado nacional. Pero no todos los liberales se fueron, sin embargo, y sus ideales persistieron en el discurso político alemán. Estos ideales consistían de sueños de unificación, de una constitución, e incluso del socialismo. Pero como veremos, el nacionalismo en el contexto alemán cambiaría el significado de estas palabras, ya que en el epicentro del Romanticismo Europeo, la nación abarcó todo. La nueva Alemania incluyó muchos aspectos del sueño liberal, pero en un contexto político conservador, y el cerebro detrás de estos cambios fue Otto von Bismarck, quien eventualmente unió Alemania en 1871.
En apariencia, el desarrollo de Alemania después de 1848 continúo sobre las mismas líneas viejas. Pero la unificación de Bismarck creó un imperio autocrático que era muy diferente de las esperanzas de 1848. El estado que creó Bismarck era de un tipo nuevo, el producto de lo que podemos llamar conservadurismo creativo. Basado en el ejército Prusiano y el poder industrial—y no en la explosión comunal y el renuevo que ocurrió en Francia en 1789—combinaba los medios autocráticos con programas sociales que aliviaban los males de la producción capitalista. De hecho, Alemania bajo Bismarck logró un ápice de progreso social mucho más avanzado que otros estados Europeos, que incluía educación masiva, seguros médicos, de trabajo y de vejez. Así, Alemania se volvió un hibrido extraño. El estado no estaba fundado en los mismos principios democráticos que los revolucionaros liberales de Alemania habían propugnado, pero sus logros sociales eran mucho mayores que los de otros países más liberales.
El estado hibrido era producto de una serie de fuerzas en comptencia. Primero, tenemos el deseo de los conservadores de mantener el control del estado. Segundo, tenemos liberales que querían una constitución liberal y un estado alemán unificado. Tercero, tenemos las dificultades impersonales sociales y económicas asociadas con la industrialización. Otto von Bismarck se puso en el centro de estas fuerzas, tratando de unificar Alemania sin ceder a las demandas liberales y socialistas por más poder. En su búsqueda por la unidad Bismarck siempre fue muy flexible. Así, disolvió la unión alemana aduanera (Zollverein) cuando el libre comercio parecía estar a la orden del día. Después en 1878, se volvió proteccionista cuando necesitaba apoyo agrario para mantener a su gobierno en el poder. El campo alemán había sido dañado gravemente por las importaciones más baratas de Canadá, Estados Unidos, y Rusia, así que subió las barreras arancelarias. En la misma manera, entre 1883 y 1889, Bismarck extendió los seguros en contra de accidentes, enfermedades y vejez a los trabajadores, dándole atención a muchas de sus preocupaciones más básicas. E hizo todo esto al mismo tiempo que proscribía el Partido Social Democrático entre 1878 y 1890.
Los revolucionarios de clase media que habían demandado la revolución en nombre de la nación alemana, a menudo aceptaban las acciones de Bismarck. Desde su perspectiva, Bismarck había obviamente triunfado en donde ellos habían fracasado, ya que él no sólo había unificado Alemania sino también había instituido políticas sociales por las cuales ellos habían abogado desde hacía mucho. Algunos de la clase media cedieron a estas condiciones, otros lucharon en contra de ellas. El punto que nosotros debemos mantener en mente, sin embargo, es que todas las fuerzas que hemos estado trazando tuvieron su choque más violento en Alemania. Aquí veremos con mucha claridad las divisiones políticas y sociales que ayudaron a hacer del siglo XX uno tan sangriento.
Otto von Bismarck tuvo que luchar tres guerras para unificar Alemania. En 1864, una guerra con Dinamarca lo ayudó a consolidar su posición en Prusia. Luego una guerra en contra de Austria en 1866 forzó a los Habsburgos a irse de Alemania para bien. La guerra Franco-Prusiana de 1870-71 unió a los estados del sur de Alemania bajo el águila Prusiana y estableció el hecho de que Francia ya no mantenía la hegemonía sobre el Continente. Después de que Alemania se unificó en 1871, la revista de noticias The Economist opinó que, “Europa ha perdido a una amante y ha ganado a un amo”. La situación en Dinamarca pone de relieve como el nacionalismo unió al liberalismo y al conservadurismo. El sentimiento liberal en Alemania siempre había deseado separar a Schleswig-Holstein de Dinamarca. Estas dos regiones eran ducados que estaban bajo el control de la Corona Danesa. Holstein era enteramente alemán y Schleswig era mayoritariamente alemán, con una minoría danesa significativa en el norte. En 1852, para lidiar con la opinión alemana emergente en contra del control danés, un acuerdo internacional fue firmado que permitía a los daneses controlar los ducados siempre y cuando no trataran de integrarlos al estado Danés. Los daneses, sin embargo, violaron el acuerdo al integrar Schleswig a la monarquía Danesa. Bismarck entonces utilizó el comportamiento de los daneses como un pretexto para la agresión.
Porque la cuestión de Schleswig-Holstein era un problema alemán, para legitimar su ataque Bismarck invitó a Austria a participar. En Enero 16, 1864, las dos potencias lanzaron un ultimátum a Dinamarca que demandaba a los daneses retirarse dentro de 48 horas, o enfrentar acción militar. Dinamarca, contando con el apoyo de las Potencias Europeas, rechazó el ultimátum. Los ingleses eran simpatéticos a los daneses, pero se negaban a actuar solos. Los franceses no tenían ningún deseo de atacar Prusia, ya que la veían como un arma en contra de Austria. Así, las grandes potencias no hicieron nada. Un breve intento de mediación falló, y Dinamarca cedió a las fuerzas militares prusianas y austriacas.
En el Tratado de Gastein (Agosto 1865) Prusia y Austria dispusieron de los ducados adquiridos. Las dos potencias gobernarían los dos ducados conjuntamente, con Austria administrando Holstein y Prusia administrando Schleswig. A Prusia le fueron dadas ciertas calles militares que cruzaban a través de Holstein y el comando de Kiel, que sería un puerto para la Confederación Alemana, de la cual tanto Prusia como Alemanía serían miembros. (Ustedes recordaran que Klemens von Metternich había armado la Confederación en 1815). Ambos ducados fueron obligados a unirse a la unión aduanera alemana, que funcionaba para el beneficio de Prusia ya que ella la controlaba. Pero esto no fue todo. Prusia también se anexo Lauenburgo, aunque pagó 2.5 millones de taleros por ella. El alemán que clamaba el trono de los dos ducados, el Príncipe Augustenburg, fue completamente ignorado. Todo esto parecía suficientemente justo, aunque Prusia obviamente obtuvo la mejor parte del trato, ya que solidificó su control sobre Alemania del norte y obtuvo el fundamento para agresiones futuras. Desafortunadamente para todos, Bismarck no tenía ninguna intención de dejar las cosas así.
Bismarck creía que la guerra con Austria era inevitable. Toda su política de 1863 a 1866 fue basada en esta creencia. El se había asegurado de que Rusia no intervendría en este conflicto intermitente al simpatizar con la brutal represión Rusa de la revolución Polaca en 1863. Maniobró con Napoleón III de Francia una posición favorable haciendo toda clase de vagas promesas para agrandar territorio. Una alianza con Italia incluso fue hecha en abril de 1866, a través de la ayuda de Napoleón, que estipulaba que Italia vendría a la ayuda de Prusia, si una guerra con Austria comenzaba en los siguientes tres meses. Todo esto dicho, Bismarck manipuló a cada jefe de estado importante en el Continente hacia una posición diplomática incómoda. Cuando la guerra finalmente ocurrió con Austria, derrotó a los Habsburgos sin que nadie de afuera interfiriera.
Bismarck entonces trató de finalizar el enfrentamiento acusando a Austria de armar a Bohemia. Lo llamó “agitación sediciosa” y además acusó a Austria de apoyar al desafortunado Príncipe Augustoenburgo. Extrañamente, cuando el rey Prusiano presionó a Viena, Austria pareció dispuesta a desarmarse, pero falsos rumores de que Italia se estaba armando, asustaron a Austria y la movieron en la dirección contraria. Así que Austria se movilizó primero, y al mismo tiempo, llevó a la Dieta Federal los múltiples problemas menores que se habían desarrollado sobre la cuestión de Schleswig-Holstein, para ganar el apoyo de otros estados alemanes. Bismarck enseguida clamó que este era una violación de la Convención de Gastein. Cuando Austria, poco tiempo después, convocó a la dieta de Holstein, las tropas prusianas marcharon hasta Holstein. Austria llamó a los ejércitos de la Confederación para que actuaran en contra lo que llamó acciones ilegales de Prusia en Holstein. Mientras tanto Bismarck presentaba un nuevo plan de reorganización de la Confederación. Esto fue puesto sobre la mesa aproximadamente al mismo tiempo que Bavaria proponía elegir un comandante de los ejércitos de la Confederación y movilizar las fuerzas de los estados más pequeños. Cuando la propuesta de Bavaria ganó por un voto de 9 a 6, el delegado Prusiano declaró la Confederación disuelta y anunció un estado de guerra. Fue una guerra rápida—tres semanas de duración. Sadowa o Königgratz, que está en Bohemia, fue la batalla crucial que le dio la victoria a Prusia, gracias a su excelente organización y la famosa “needle gun”. (Esta pistola daba la posibilidad a los prusianos de disparar siete rondas por cada ronda que disparaban los austriacos, aunque la influencia de la pistola en la batalla ha sido sobreestimada). El rey prusiano, que había sido vacilante acerca de la guerra ahora quería invadir Austria. Pero Bismarck, el diplomático siempre calculador, refrenó. Sabía el valor de restringirse y no estaba interesado en aplastar a Austria, solamente en removerla de la política alemana. En vez, Bismarck formó algo llamado la Confederación Norte Alemana, anexando varios estados pequeños y jalando a los estados más grandes al norte del Río Main a la órbita de Prusia. Observadores contemporáneos pensaron que todo esto era una revolución. Lo que los liberales habían soñado por cinco décadas, Bismarck lo logró en tres semanas. El punto importante aquí es que el éxito transformó a muchos de sus antiguos enemigos en amigos y admiradores.
Pero muy parecido a Italia en 1861, Alemania no estaba unificada por completo. El sur permanecía fuera de la coyuntura y aquí es donde Francia y Napoleón III entran en la escena. Tradicionalmente, la política Francesa hacía Alemania había ordenado a los franceses a nunca permitir un estado más grande a aparecer en Alemania, para que no se volviera una amenaza para Francia. Napoleón modificó esta política, porque quería utilizar las fuerzas del nacionalismo en contra de Austria. Esta estrategia era un arma de dos filos. Por una parte, Austria era un estado multi-nacional, y el establecimiento de un rival Alemán, podía en teoría, debilitar los cimientos de Austria. Pero por otra parte, Napoleón parecía creer realmente algo de la retórica nacionalista. Esto lo llevó abajo a un “cul de sac”, ya que nunca pudo decidir qué era más importante: su creencia en la determinación nacional o la necesidad de mantener a Francia más fuerte de lo que sería una nueva Alemania. Bismarck ayudó a Napoleón a decidir al ser mejor estratega en una serie de cuestiones diplomáticas. Las desilusiones que Bismarck le ocasionó a Napoleón, hicieron que éste deseara aún más un triunfo diplomático importante. Esto significó que en los 1860s la política francesa fue nerviosa y errática, reflejando la posición incierta de Napoleón en casa. El gobierno Francés hizo amenazas de guerra prematuras y demandas insolentes de sumisión a los prusianos. Sus acciones en Italia enervaron a los británicos, lo que significó que ellos no apoyarían a Napoleón en contra de Prusia. Más aún, la opinión pública francesa comenzó a oponérsele al empeorar la economía, intensificando la necesidad percibida de una guerra. Napoleón no lo sabía, pero estaba liderando a Francia hacia una guerra que no podía ganar. Aunque parezca extraño, la guerra Franco-Prusiana en realidad comenzó en España. La Reina Española, Isabella, había sido destronada por un golpe militar en 1868, y el parlamento Español comenzó a buscar un repuesto. El Príncipe Leopoldo von Hohenzollern-Sigmaringen, cabeza de la rama del sur de la familia Hohenzollern, se volvió uno de los candidatos. Bismarck se convirtió en el principal promotor del príncipe, ya que creía que esto atraería una guerra. La noticia de la aceptación de Leopoldo para el trono Español le pegó a Francia como una bomba en Julio 2. Gramont, el ministro de relaciones exteriores francés, inmediatamente empezó a hacer vagas amenazas en el French Corps Legislatif (Cuerpo Francés Legislativo), diciendo cosas como “Nosotros debemos saber nuestro deber.” Esta bravuconería solamente dio la impresión a los otros de que Francia estaba desquiciándose de nuevo. En Julio 9 el embajador Francés Benedetti entrevistó al Rey Guillermo, quien en ese momento estaba en Bad Ems, en el Sudeste alemán disfrutando de los baños. Aparentemente, Benedetti persuadió a Guillermo a forzar a Leopoldo a retraer su candidatura. En julio 12 Leopoldo renunció, siendo un miembro bueno y obediente de la familia Hohenzollern. El asunto debió de haber quedado allí. Pero los franceses cometieron más errores, y la aparente ingenuidad de Bismarck los embaucó en una guerra. Gramont no estaba satisfecho con el logro de Benedetti, así que Benedetti de nuevo fue mandado a ver al rey para demandar una promesa inequívoca de nunca más permitir a Leopoldo renovar su candidatura. Gramont buscaba un gran triunfo diplomático. Pero usualmente una necesidad diplomática de este tipo es un indicio de debilidad doméstica. Napoleón III necesitaba algo para restaurar su debilitado control sobre el poder. Tanto Gramont como Napoleón estaban, entonces, involucrándose en un juego muy riesgoso. Si ganaban, se quedarían en el poder. Una pérdida, sin embargo, significaría el final de su estado. Desafortunadamente para Francia, la ferviente necesidad del gobierno de un éxito diplomático cegó a sus líderes de la trampa que había puesto Bismarck.
En julio 14, mientras que el rey tomaba una caminata por el parque, Benedetti de pronto se materializó de entre los árboles y acusó al rey de deshonestidad. Demando una promesa definitiva de que a Leopoldo nunca le sería permitido renovar su candidatura. El rey se negó a hacer semejante promesa, y un reporte del asunto fue mandado a Bismarck en Berlin. Bismarck inteligentemente abrevió este ahora famoso Telegrama de Ems en una manera que lo hacía parecer como una provocación deliberada de parte de Francia. Después hizo que lo publicaran en los periódicos, diciendo que tendría el efecto de una tela roja sobre un toro Galés. Esto es exactamente lo que ocurrió, ya que los franceses consideraron el enmendado telegrama como una provocación y en Julio 19, Francia declaró la guerra a la Confederación Norte Alemana. Los anteriores esfuerzos diplomáticos de Bismarck ahora rindieron su cosecha. Entre los estados alemanes, solamente Bavaria vaciló en unirse a la guerra de Bismarck. Rusia prometió neutralidad. Inglaterra se volvió neutral después de que Bismarck publicó el plan secreto de Benedetti para anexarse a Bélgica, que había sido proyectado con la aprobación indulgente de Bismarck justo después de la Batalla de Königgrätz. Esta guerra tampoco duró mucho. La fortaleza de Sedan cayó en Septiembre 2, 1870, y el Emperador Napoleón caminó entre las filas alemanas con las manos arriba en el aire. Ahora una revolución estalló en la ciudad de Paris, que no se aplacó hasta Enero 28, 1871. La Paz de Frankfurt fue concluida en Mayo 10. Fue una dura, requiriendo que Francia pagara una indemnización de 5 billones de francos de oro, además de que les quitaba Alsacia y Lorena, territorios que los franceses habían robado exitosamente dos siglos antes. Aunque inicialmente Bismarck no dio signos de gran entusiasmo para llevarse estas tierras, algunos industrialistas lo convencieron de que tenían ambas regiones tenían valor económico y militar. (Lorena tenía depósitos masivos de hierro). Este último arrebato envenenó las relaciones Franco-Alemanas hasta la Primera Guerra Mundial. El Norte de Francia fue ocupado hasta 1873, cuando la indemnización fue completamente pagada.
La nueva Alemania fue construida sobre la humillación nacional francesa. En Enero 18, 1871, Guillermo I fue coronado como el emperador de Alemania en el Salón de los Espejos de Versalles. Este fue, sin duda, añadirle un insulto a la herida, y estableció las bases de guerras futuras. En el momento, Victor Hugo predijo que Francia habría, un día, de retomar Alsacia y Lorena y hacer de Alemania una república. Predijo correctamente una parte. Francia sí obtuvo de vuelta Alsacia y Lorena, pero esto fue por dos razones. Primero, Bretaña y Alemania nunca pudieron alcanzar un ajuste a su rivalidad global. Segundo, como resultado una potencia incluso más grande fue forzada a entrar a la escena Europea. Esta fue Estados Unidos de Norteamérica, y delinearemos estos dos temas en las siguientes sesiones.