sábado, 23 de febrero de 2008

Sesión 16: El Sistema de Estados Europeos hasta la Primera Guerra Mundial.

En las semanas pasadas hemos estado siguiendo un doble camino. Por una parte, hemos considerado la historia y la política de algunos estados particulares de Europa. Por otra parte, hemos puesto estas historias en contextos más amplios, considerando los efectos de fuerzas como la revolución industrial y de la agricultura, así como el grupo de “ismos” que surgió del periodo post-revolucionario. En esta sesión, también quiero ampliar nuestra perspectiva, pero con referencia a las relaciones internacionales. Aunque los individuos jugaron un papel importante en las relaciones internacionales durante el siglo XIX, con gente como Klemens von Metternich, Otto von Bismarck, Benjamín Disraeli, y Napoleón III controlando la agenda, sus decisiones eran determinadas por los problemas creados por la competencia de los estados por influencia, una competencia que databa desde el siglo XV. Así, el estallido de la primera guerra Mundial en el verano de 1914 pudo deberse en parte a confusiones diplomáticas, pero que la conflagración resultante fue tan larga y durará tanto fue el producto de una batalla viciosa y que ya llevaba largo tiempo entre los estados europeos por la preeminencia terrestre. En esta sesión quiero delinear como es que esta batalla más grande fue luchada y quienes fueron los actores más importantes. Empezaré discutiendo las relaciones internacionales en el siglo XVI. Ustedes ya están familiarizados con mi manera de describir el escenario internacional de acuerdo a “problemas”. Así, como ya he discutido, durante el siglo XIX Francia fue uno de los mayores problemas de Europa. ¿Que debía hacer uno, después de todo, con un país que entre 1789 y 1870 había exportado repetidamente revoluciones y guerras al resto del Continente? Después de 1870, claro, el problema “central” se convirtió en Alemania. Las cosas eran diferentes en el siglo XVI. Para empezar, diferentes jugadores estaban en el juego. Alemania no existía como un estado, e Inglaterra, Francia, España, y Austria eran los únicos jugadores reales. Durante el siglo XVI el problema central fue España. España había emergido de la reconquista del siglo XV como un estado poderoso, y agresivo empeñado en la dominación. Hacia 1492, cuando Granada era el último de los estados Islámicos en la Península Ibérica cayó, los monarcas de España ya tenían una experiencia considerable en cobrar impuestos y luchar. Mas aún, la unión de los Reinos de Aragón y Castilla a través del matrimonio de Isabel y Fernando en 1469 creó un estado grande y centralizado que estaba listo para hacer malicias en el escenario global. Cuando el destino de España se entremezcló con las ambiciones dinásticas de los Habsburgo, Europa se destinó a múltiples guerras.
Ustedes ya saben en dónde España hizo muchas de sus maldades, principalmente en el Nuevo Mundo. El Imperio colonial Español en Norte y Sudamérica era crucial para la política Europea, porque la plata que se extraía de allí financiaba una serie de guerras en contra de otros estados Europeos. En 1495, España se unió con Inglaterra para invadir Italia con el pretexto de sacar a los Franceses, que habían invadido el año anterior. En 1503, tomaron Nápoles, que conservaron por dos siglos, parte de una larga tendencia de interferencia extranjera en la península Italiana que databa desde el siglo XVIII y que continuaría hasta 1870. En 1588, España trató de invadir Inglaterra, pero su flota fue destruida por una marina inglesa más preparada y el clima traicionero del Atlántico. Y luego también estaba el problema de la herencia de los Habsburgo. El Emperador Sacro Romano Maximiliano I de Austria había agrandado Austria a través de una astuta, y un tanto suertuda, política de matrimonio. Una de sus apuestas de matrimonió dio buenos resultados con la adquisición de lo que hoy es Bélgica, los Países Bajos, y Luxemburgo. Después, otra de sus apuestas, rindió buenos frutos al acercar el trono Español al redil de los Habsburgo. Así fue que en 1516 el nieto de Maximiliano Carlos no sólo subió al trono Español pero también tomó posesión de lo que se llamaría los Países Bajos de España.
El ascenso de Carlos V al poder nos ofrece la oportunidad de considerar dos factores que serían importantes en el curso del siglo XVII. El primero fue el conflicto religioso. Martin Lutero puso en marcha las cosas con un bullicioso principio al poner en 1517 sus 95 tesis en la puerta de la catedral de Wittenberg. Lutero fue salvado del martirio por la política Alemana, ya que el Duque Federico el Sabio de Sajonia lo encerró en un castillo, así permitiendo que Lutero fuera el primer herético exitoso desde Jesús de Nazareth. El fermento religioso resultante afectó el equilibrio político europeo, y sucedieron una serie de guerras. Esto nos lleva al segundo factor. Una de las guerras más importantes durante el siglo XVI fue la Revuelta Holandesa de 1567-1579, en la cual los Holandeses ganaron su independencia de la corona Española. Durante el siglo XVI los Holandeses se habían convertido en Calvinistas. La opresión religiosa Española y sus elevados impuestos hicieron que los Holandeses se levantaran en contra de su príncipe y fundarán una república. Esto es importante, ya que los Países Bajos eran un área densamente poblada altamente involucrada en el comercio del Atlántico. Al volverse ricos, los Holandeses también se volvieron beligerantes, yendo a la guerra no solamente en contra de España pero también con Portugal, y todo en el nombre del comercio. Así, para el principio del siglo XVII, los Holandeses se habían vuelto uno de los mayores jugadores en la gran carrera por la ventaja colonial y mercantil.
Al entrar en el siglo XVII, tenemos seis jugadores principales en el sistema de estados Europeos: Francia, España, Inglaterra, Austria, la República Holandesa, y Suiza. Inglaterra, por su parte, tenía suficientes problemas con qué ocuparse a través del siglo XV. Primero, los Franceses los sacaron del norte de Francia en 1443. Después, al final del siglo XV la guerra civil estalló, la llamada Guerra de las Rosas, que comenzó en 1455 y que terminó hasta 1485. Fue solamente con el ascenso de Enrique VIII al trono Inglés (1491-1547; r.1509) que los Ingleses pudieron proyectar poder más allá de sus fronteras. Comenzaron en el siglo XVI al unirse a la invasión española de Italia, pero con la llegada de la Reforma en los 1530s los Ingleses dejaron el bando católico y cada vez más vieron que estaba en su interés aliarse con los Holandeses. El intento de Felipe II de invadir Inglaterra, fue en parte, una respuesta a la ayuda Inglesa a los Holandeses durante la revuelta de éstos últimos. Sin embargo, durante el siglo XVII, los Ingleses se volvieron mucho más agresivos. Como ya hemos discutido, los intereses Ingleses en el comercio los llevó a luchar tres guerras con los Holandeses durante el siglo XVII. Y al final de la Guerra de Sucesión Española, los Ingleses eran la potencia mercantil preeminente de Europa.
Los Franceses habían estado subiendo desde el final de la Guerra de los Cien Años (1337-1453). En 1477, tomaron la mitad baja de Burgundía de los Habsburgo. En 1494, invadieron el norte de Italia. Durante el siglo XVI pusieron su mirada en Alemania, ocupando ciudades claves de Lorena en 1552. El verdadero ascenso a la prominencia de Francia llegó, sin embargo, en el siglo XVI con los reinados de Luis XIII (1601-43: 1610) y Luis XIV (1638-1715: r.1643). Bajo el ministro principal de Luis XIII, el Cardenal Richelieu, Francia se vio involucrada en la Guerra de los Treinta Años (1618-1648), buscando dañar a los Habsburgos Católicos al luchar del lado de los Protestantes Alemanes. (Hago notar aquí en paréntesis que la Guerra de los Treinta Años vio el nacimiento y la caída de Suiza, particularmente bajo el Gran Rey Gustavus Adolphus (1594-1632: r. 1611). Adolphus llevó a Suiza a la guerra en defensa del Protestantismo, pero después de su muerte se hizo evidente que Suiza no tenía los medios para sostener una política exterior beligerante. La cuestión, sería resulta al final, por el arribo de Rusia). No obstante, ahora debo regresar a Francia. Durante el reinado de Luis XIV Francia fue a la ofensiva, atacando a los Españoles (1648-59) y a los Holandeses (1672-78), antes de verse envueltos en la Guerra de los Nueve Años con los Ingleses, Holandeses, y Austriacos, de (1688-1697), y después enfrentar la misma coalición en la Guerra de Sucesión Española (1701-1713/14). El reinado de Luis XVI cambió la situación estratégica de Europa. Desde este punto en adelante, los Ingleses, Holandeses, y Austriacos siempre estarían buscando maneras de controlar a Francia. El problema fundamental era que Francia era el país más poblado de Europa, teniendo 20 millones de personas durante el reinado de Luis XIV, y su economía era muy productiva. Así, justo a través del tiempo de Napoleón, Francia era tan poderosa que siempre amenazó a Europa con expansionismo.
Para el comienzo del siglo XVIII, el sistema Europeo había perdido tres de sus jugadores más importantes y ganado dos. Los Ingleses, Franceses, y Austriacos persistían, mientras que los Españoles, Holandeses, y Suizos dejaron de ser potencias de primer nivel. A cambio, Europa vio el ascenso de los Rusos y de los Prusianos. Los Franceses rompieron la Paz de Pirineos con España en 1659, que había sido firmada al final de una guerra que llevaba ocurriendo desde 1648. España permaneció como una potencia Europea importante hasta el final de la Guerra de Sucesión Española, pero después de que otras potencias desmantelaron su imperio en ultramar su tiempo en el escenario Europeo llegó a su fin. Los Suizos ya habían sobrepasado su tiempo en la Guerra de Treinta Años, pero con la Gran Guerra del Norte (1700-21) fueron finalmente echados de la primera fila de potencias por el gigante durmiente en el este de Rusia. Rusia había avanzado a pasos agigantados bajo el Czar reformador Pedro el Grande (1672-1725; r. 1696) quien movió la capital a San Petersburgo, reformó el ejército Ruso y construyo la marina. Al final del reinado de Pedro, y con la victoria sobre los Suizos, Rusia fue la potencia preeminente en el Báltico. También se volvería el poder preeminente en los Balcanes bajo el reinado de Catarina II (1729-1796; r. 1762). Los Holandeses también fueron echados de la lista de potencias más importantes por sus guerras en contra de los Ingleses y los Franceses. Para el siglo XVIII eran esencialmente un próspero satélite de Inglaterra. También hay una cosa más que debemos notar, sin embargo. Para el final del siglo XVII, la religión había dejado de ser una de las principales causas para la guerra. El apoyo cínico de Francia para los poderes de la Alemania Protestante en la Guerra de Treinta Años en contra de sus co-religionarios en Austria fue ya un signo de que las cosas habían cambiado. En 1697, cuando Luis XIV oficialmente reconoció la ascensión de Guillermo III y María II al trono Inglés, los temas religiosos habían sido excretados de la política del poder. Por fortuna o por desgracia, todas las guerras serían luchadas desde ese momento por razones de estado.
Ya hemos discutido el ascenso de Prusia en el siglo XVIII. El ataque maquiavélico de Federico II en Austria en la Guerra de Sucesión Austriaca (1740-48) y su buena fortuna para sobrevivir la Guerra de los Siete Años (1756-1763) significó que Prusia se volvió una potencia de primer nivel, o al menos casi. Ya bien entrados en el siglo XIX, Prusia era una gran potencia que pudo haber sido disuelta por una sola derrota militar, así que era entendible que los poderes de Europa tendían ha estar más preocupados de que Austria fuera a dominar Alemania. El ascenso de Prusia señaló, sin embargo, dos cosas. Primero, un importante parte aguas ocurrió en el Continente. Desde este punto en adelante Europa fue dividida en dos esferas: una occidental dominada por Inglaterra y Francia, y una oriental dominada por Austria, Prusia y Rusia. Las tres particiones de Polonia en 1772, 1793, y 1795 fueron una señal clara de que el oeste tenía poco que decir de los asuntos del este. Segundo, Austria ahora tenía una competencia legítima por el liderazgo en la esfera Alemana. Que Prusia ganara esta batalla podía tener importantes consecuencias para toda Europa. Hablaremos más de estas en un momento.
Ya hemos discutido la Revolución Francesa y Napoleón en detalle en otra lectura, así que pasaré por alto estos eventos y limitaré mis comentarios a implicaciones más amplias. Primero, con la derrota “final” de Napoleón en Waterloo, se volvió evidente que Europea estaría dominada por dos poderes que nadie podía tener esperanzas de derrotar, Bretaña y Rusia. La marina de Bretaña la hacía invulnerable a la invasión, y la eterna estepa de Rusia hacía que invadirla no tuviera sentido. Estas dos potencias, en particular, vigilaban Europa y trataban de asegurar que los Franceses no agitaran problemas de nuevo. Paso mucho tiempo antes de que cualquiera pudiera olvidar los 15 años de guerra y las cuatro coaliciones que habían sido necesarias para derrotar a Napoleón.
El deseo de mantener a los Franceses en una caja es la fundación real de la segunda implicación a la cual acabo de aludir, el nacimiento del Sistema del Congreso. Liderada por Austria, el llamado Concierto de Europa trató de mantener paz en el Continente desarrollando un sistema de obligaciones y derechos que ataba a las diversas potencias al sistema. Este concierto incluía Bretaña, Francia, Austria, Rusia, y Prusia. Como ustedes saben, el sistema del Congreso no era una restauración, ya que muchos de los cambios Revolucionarios y Napoleónicos persistieron. Esta pudo haber sido la razón por la cual el nuevo sistema logró mantener la paz, a pesar de la serie de crisis que pudieron haber encendido una guerra mayor. En 1820-21, hubo revueltas en España, Nápoles y Piamonte. En 1821-5, hubo una revuelta en Grecia en contra del Imperio Otomano. En los 1810s y 20s una serie de colonias Españolas se revelaron en contra de sus gobernantes imperiales. En 1826-29, hubo una crisis acerca de una guerra Ruso-Turca que los Turcos habían perdido horriblemente. En los 1830s hubo revoluciones en Francia, los Países Bajos, Alemanía, Italia, y Polonia. En 1822-41 hubo otra Crisis en el Este Cercano, en el cual el Concierto de Europa de hecho apuntaló a los Otomanos.
Aquí necesito hacer dos puntos. Primero, el ascenso de los poderes del este (Rusia, Prusia, y Austria) jaló a los Otomanos hacia el sistema Europeo. El Imperio Otomano se originó en el siglo XIII, y había sido una amenaza para Austria desde el siglo XVI. Sin embargo para el siglo XIX, estaba claramente decayendo y esto se volvió un problema, ya que tanto Austria como Rusia querían expandirse a costas del Imperio Otomano. Esto fue un problema para cada otra potencia en Europa, pero especialmente para los Británicos, que no querían a los Austriacos y a los Rusos compitiendo con ellos en el Mediterráneo. Esto es, las grandes potencias siempre temieron una guerra mayor y trataron de evitarla a través del hábil uso, a veces amoral, de la diplomacia. La creencia era que una conferencia importante era preferible a la guerra. Las cosas no siempre funcionaron de esta manera, y hubo una grave guerra en 1853, pero dada la historia Europea de incesante guerra durante los siglos XVI y XVII, no fue para nada un mal record.
El Sistema del Congreso se disolvió al final, y aquí quiero buscar tres razones que explican porqué. La primera razón es el ascenso del nacionalismo. Entre 1848 y 1861, como hemos visto, los movimientos nacionalistas aparecieron a través de Europa, y esto permitió a ciertos líderes oportunistas socavar la estabilidad del sistema Europeo. Un buen ejemplo es Napoleón III, quien ya hemos discutido. El comportamiento de Napoleón hacia Italia y Austria fue un factor clave en disminuir los intereses de otras potencias en mantener el status quo. Segundo, la Guerra de Crimea (1853-56). Napoleón III estuvo en el grueso de esta situación, virtualmente asegurándose de que una guerra estallara. Napoleón quería romper la alianza Austro-Rusa que ambos partidos habían desarrollado al comienzo del Congreso de Viena, así que arriesgó una crisis grande para jugarse un triunfo diplomático. Los turcos, por su parte, estaban hartos de que los Rusos los atacaran tan seguido. La agresión Rusa comenzó bajo Fyodor III en 1676 y continuó con cada subsiguiente Czar, terminando solo hasta 1878. Los Británicos, en turno, estaban inciertos en cuales eran sus objetivos en el área, y no tenían idea más allá de cierta creencia de que los Rusos no podían tener el control del Mar Negro. Al final, los Turcos declararon la guerra a Rusia, seguidos de Francia e Inglaterra. Austria, a pesar de haber jurado ayudar a Rusia permaneció al margen del conflicto, negando unirse a cualquiera de los dos. La lucha quedó inconcusa, aunque los Rusos sufrieron una humillante derrota en la conferencia de paz en Paris.
Esta guerra tuvo importantes consecuencias a largo plazo. Primero, los Rusos estaban enojados y aceleraron su proceso de reformas militares y financieras, que meramente incrementó la competencia en Europa. Segundo, los Franceses eran vistos como metiches y por eso, indignos de apoyo. Tercero, los Austriacos fueron vistos como poco confiables. Tercero, los Británicos estaban tan apenados por su rendimiento abismal que llegaron al consenso político en la necesidad absoluta de darle más recursos a su marina. Finalmente, la desconfianza y la amargura que la guerra creó dejó una apertura para Prusia y Sardinia-Piamonte. Tanto la unificación Italiana como la Alemana fueron productos de un shock grave al Sistema del Congreso causada por la Guerra de Crimea.
Esto me lleva a la tercera razón para el descenso y caída del Sistema del Congreso, el ascenso de la Alemania Imperial. En 1862, Otto von Bismarck se volvió el primer ministro de Prusia. Como ustedes saben de su sesión acerca de la unificación Alemana, Bismarck utilizó cada oportunidad diplomático que pudo para obtener para unificar Alemania bajo los términos de Prusia. No hablaré de más detalles de este proceso, porque ustedes ya los saben. Lo que quiero discutir aquí es la inestabilidad básica que un estado poderoso en medio de Europa creó para el viejo Sistema del Congreso. La unificación Alemana cambió el paisaje estratégico. Inglaterra ahora tenía un competidor en el océano abierto, que no podía tolerar. Francia era, claro, bastante infeliz ya que un ejército más grande y poderoso era su vecino. Es cierto que los Franceses querían Alsacia y Lorena de vuelta, pero un problema más profundo vis- à-vis Alemania era que ellos no tenían ninguna esperanza de derrocar a los Alemanes en una lucha justa. Alemania era el estado Europeo más poblado y tenía la economía más poderosa y dinámica. Déjenme darles un ejemplo: en 1890 el segundo campo de carbón más grande de Alemania, en Silesia, produjo más que toda la industria carbonera Francesa. Esto significaba que los Franceses solamente podían encontrar seguridad en alianzas, que buscaban asiduamente. Una medida de qué tan amenazante era la nueva Alemania fue que los Franceses e Ingleses, históricamente enemigos mortales, firmaron una alianza en 1904, la llamada Cordiale Entente. Los Austriacos estaban aún en un estado formidable, pero en realidad eran un apéndice Alemán, lo que significaba que realmente no tenían libertad diplomática. El resultado final de la debilidad de Austria fue la alianza defensiva entre Alemania y Austria en 1879. Las líneas de batalla en 1914 ya estaban dibujadas hacia el final del siglo XIX.
Ahora estamos en una posición para entender tanto el genio como la falla del estado nuevo de Bismarck. Bismarck entendió que Europa estaba rápidamente volviéndose una olla de presión, así que constantemente trataba de divergir las energías de Europa a regiones periféricas, como África y los Balcanes. Dos congresos son importantes ejemplos aquí: el primero es el Congreso de Berlin de 1878, que revisó el Tratado de San Stefano entre Rusia y Turquía acerca de la guerra final por los Balcanes. Básicamente, Bismarck forzó a los Rusos a devolver un poco de territorio a los Turcos para que los Británicos y los Austriacos estuvieran contentos. El siguiente fue el Congreso de África del Oeste en Berlín en 1884-5. Este congreso se reunió para decidir el destino del Congo. Portugal había proclamado derechos sobre el estuario del Río del Congo, pero el Congreso lo declaró una zona de navegación libre, en gran parte para mantener a los Ingleses y a los Franceses contentos. Ustedes recordarán que el Reparto de África comenzó oficialmente en 1881 con la invasión Francesa de Tunisia. Lo que me gustaría notar aquí es que los Franceses recibieron una buena cantidad de motivación para sus aventuras del mismo Otto von Bismarck. Y sus esfuerzos de más tarde para regular la competencia en África fueron un reconocimiento continuo de la necesidad de mantener Europa viendo hacia otras partes del mundo.
Así que Alemania ahora era el centro de la diplomacia Europea. Pero un problema de largo alcance estaba presente en todos los movimientos de Bismarck: el Sistema del Congreso había sido remplazado por la voraz competencia por territorios en África y en los Balcanes. Como ustedes bien saben, eventualmente el territorio disponible para el saqueo llegó a su fin, y entonces las viejas tensiones regresaron a Europa con venganza. Una guerra terrible era, entonces, inevitable, y su estallido era solamente una cuestión de tiempo. En 1890, Guillermo II corrió a Bismarck, declarando su intención de gobernar, y no nada más de reinar, sin querer atrayendo rápidamente un conflicto militar. Un peor giro de eventos difícilmente es imaginable. Guillermo II estaba lleno de fanfarronería y rápidamente se volvió el Napoleón III de su día. Mientras que Bismarck había tratado de evitar la guerra y mantener las ganancias de Alemania a través de una política de objetivos limitados, Guillermo II solamente buscaba el siguiente triunfo diplomático. No entraremos en detalles aquí, pero el punto es que de pronto la política exterior Alemana se volvió una fuente de inestabilidad en Europa. Sin Alemania jugando el papel de árbitro cauteloso, el descenso de Europa hacia un sistema de alianzas mutuamente hostiles era predecible. Es en este contexto que un evento tan ridículamente pequeño como el asesinato del aparente heredero de Austria, el Archiduque Francisco Fernando pudo encender una guerra Europea. Como esto ocurrió es el tema para otro día.

1 comentario:

luis dijo...

Cuidado, no es Suiza pero Suecia!!!