jueves, 7 de febrero de 2008

Sesión 14: Italia se unifica

En las dos conferencias pasadas hablé acerca del papel que Francia y Gran Bretaña jugaron en el mundo. Ambos eran Estados poderosos y unidos, capaces de proyectar un tremendo poder alrededor del planeta. Sus fortalezas y debilidades internas se convirtieron en cuestiones claves para toda Europa y mucho del resto del planeta. En esta conferencia quiero considerar el nacimiento de un nuevo estado-nación, Italia. Italia se unió oficialmente en 1870, y vale la pena examinar con precaución y en diferentes niveles su experiencia de unificación nacional—llamado el Risorgimento. Primero, nos permite considerar desde otra perspectiva las maneras en que el Romanticismo, el Liberalismo, y el Nacionalismo interactuaron. Segundo, nos muestra como los problemas domésticos de política y economía interactuaban con el sistema más grande de Estados Europeos. Al igual que sus poderosos vecinos , Italia exportó sus problemas domésticos a otras partes del mundo. Finalmente, el Risorgimento fue un evento sumamente importante para la visión del mundo de los europeos. En general, la gente veía la lucha de los italianos como el rompimiento final con el Viejo Régimen. A pesar de todas las revoluciones—en 1789, 1830, 1848—fue el ímpetu Italiano por un estado-nación unificado lo que señaló a los contemporáneos que la última cadena con el pasado había sido cortada. No es ninguna coincidencia, añadiría, que el movimiento artístico que llamamos Modernismo se originó en Italia.
Para entender la importancia de todos estos cambios, consideremos brevemente como era Italia antes de la unificación. Lo primero que tenemos que entender es que Italia había sido el foco de rivalidades muy poderosas desde el siglo XV. En varios momentos, las fuerzas armadas de los españoles, franceses, y austriacos, todas competían por el control sobre diferentes partes de Italia, mientras que la flota inglesa aseguraba que nadie se volviera demasiado poderoso en la península. Por el siglo XVIII España había dejado la competencia y Francia y Austria se volvieron los principales poderes que pugnaban por influencia. Así, cuando las Guerras de Revolución francesa estallaron, las fuerzas armadas francesas entraron en Italia e inmediatamente reorganizaron sus pequeños principados en varias repúblicas. Este proceso fue extendido durante el reinado de Napoleón, quien instaló diferentes reinos y después puso a sus amigos y relativos en los tronos nuevos . Hacia 1815, mientras que Europa reaccionaba políticamente, muchos de los viejos Reinos y principados fueron reestablecidos y las reformas revolucionarias abolidas.
El año 1815 es central para entender el Risorgimento Italiano, porque marcó el cenit de la influencia Austriaca en la región. Los austriacos habían llegado a ver a Italia como el bastión central en contra de la agresión francesa, y estaban determinados a mantener el control político sobre la mayoría de la península. Por esto, los Austriacos se anexaron Lombardía y Venecia. El Gran Ducado de Toscana fue para el hermano del Emperador austriaco. Parma fue para su hija. Modena y Massa fueron para otros relativos suyos. Había sin embargo, límites a las demandas austriacas. Esta era la edad del legitimismo, así que otros principados tradicionales quedaron en manos de familias con históricos derechos dinásticos . Una princesa de Borbón recibió el Gran Ducado de Lucca. La línea reinante Borbón retomó el Reino de Nápoles y Sicilia. El Reino de Sardinia Piedmont fue devuelto a su anterior gobernante, Victor Emmanuel I.
La restauración legitimista de los gobernantes tradicionales de Italia creó una situación inestable. Italia era un país pobre en 1815 y continúo siendo pobre durante las revoluciones que estremecieron a la península en 1848. El norte era tradicionalmente más rico que el sur, basado en sus riquezas mercantiles, y las Reformas Napoleónicas habían abierto grandes secciones de la economía norteña a un mercado mundial. Pero las reformas Napoleónicas también habían herido a muchos granjeros pequeños, que ahora veían como sus tierras eran sustituidas por granjas más grandes y exitosas. Esto incrementó el número de campesinos sin tierra, cuya ira aumentó en proporción a su creencia de que los gobiernos locales no les estaban ayudando. La situación era incluso más difícil en el sur de Italia, donde la tierra era más pobre que en el norte. Aquí las reformas del mercado y el cercamiento de los campos privaron a muchos granjeros pequeños de las protecciones sociales que habitualmente utilizaban para sobrevivir los tiempos difíciles. Y si los campesinos sin tierra del norte tenían dificultades, éstas eran mucho más intensas para los campesinos del sur, donde la tierra era mucho más árida. Así, durante la primera mitad del siglo XIX, Italia estuvo plagada de insurrecciones. Hubo una revuelta muy grande en 1820-21, que derrocó a Victor Emanuel en Sardinia Piamonte. En 1831, hubo otro levantamiento en Boloña que fue aplastado por tropas austriacas. Sicilia se levantó en armas sin tener éxito en 1837 y 1841. Este descontento con los gobiernos conservadores continúo hasta enero de 1848, cuando los Sicilianos de nuevo se levantaron, obligando al Rey Fernando II de Sicilia a dotarle una constitución a su Reino. Este levantamiento, y también el de París, resultaron en una serie de revueltas a través de Italia en áreas como Toscana, Piamonte y Parma. En Venecia y Lombardia, en particular, los levantamientos populares y las tropas de Piamonte, hicieron retroceder a las tropas austriacas. (Los gobernantes de Piamonte, la Casa de Saboya, tenían un viejo interés en sacar a los austriacos). En toda Italia los príncipes locales, como respuesta, otorgaron constituciones. Para marzo de 1848, parecía que Italia iba a tener un orden completamente nuevo. Pero esto no ocurrió. Las tropas austriacas consiguieron apaciguar las revueltas no tan solo en sus propios territorios, sino también en aquellos gobernados por los relativos de los Habsburgo. Con esta muestra de poder, la Revolución en 1848 en Italia llegó a su fin.
Dentro de este contexto ahora podemos sobresaltar dos elementos cruciales que condujeron a la unificación de Italia: primero, la Casa de los Saboya; y segundo, Giuseppe Mazzini; el padre del nacionalismo italiano. Una cosa que muchos príncipes aprendieron de la Revolución de 1848 fue que una reforma conservadora podía evitar demandas de mayor autonomía. Ninguna casa entendió mejor esto que la Casa de Saboya, quién comenzó una campaña agresiva para una reforma conservadora. Su primer paso en este camino fue mantener la constitución de Piamonte de 1849, la llamada Statuto. Esta constitución preveía un parlamento electo que compartía algunas responsabilidades gubernamentales con la monarquía, y por esta razón se volvió una causa que defendieron muchos reformistas. Mantenerla era una decisión inteligente. El Rey Viejo de Piamonte, el reaccionario Carlos Alberto (1831-1849) había sido derrocado por la Revolución de 1848. El nuevo Rey Victor Emanuel II (1849-1878), sin embargo, utilizó la paz que el Statuto le garantizaba para obtener grandes reformas económicas en Piamonte, y fue gracias a estas reformas que Piamonte se volvió el líder de Italia. A esto debemos añadir el político italiano más importante de este periodo, el Conde Camilo Benso de Cavour. Si existe un arquitecto de la unidad política italiana, es él. En los 1850s, Piamonte se volvió la región industrial y económica líder de Italia, gracias a políticas reformistas y de libre mercado que Cavour emprendió a través del gobierno italiano. Nacido en una familia noble, Cavour entró a la política en 1848 como miembro del parlamento Piamontés. En 1850, se unió al gabinete como ministro de comercio y agricultura. Cavour se aseguró de que Piamonte firmara tratados de comercio con una docena de estados diferentes. El gobierno presionó a otros gobiernos para que bajaran sus tarifas, a cambio de que Piamonte bajara las suyas. Esto significó que los productores locales de cosas como vino y seda podían vender más de sus productos, mientras que los bienes manufacturados y baratos de pronto fueron disponibles a los consumidores locales. Los resultados de las políticas de Cavour fueron impresionantes. El comercio Piamontés se triplicó entre 1851 y 1861, ya que extranjeros compraban grandes cantidades de vino, arroz, aceites y textiles. Este aumento en el comercio hizo posible una nueva inversión enorme en infraestructura. La red ferroviaria del Reino, por ejemplo, que no había existido en 1851, era la más grande de Italia en 1861. Así, cuando Cavour murió en 1861, Piamonte se había vuelto el estado más poderoso y económicamente desarrollado de toda Italia, un modelo que otros pronto comenzaron a emular.
En este contexto, Piamonte se volvió el principal motor de la unificación italiana. Pero en contra de lo que ocurriría en Alemania, donde Prusia uniría Alemania ganando guerras, Piamonte lo haría perdiéndolas. He comentado antes que Piamonte trató de echar a Austria de Italia durante la Revolución de 1848. Falló en el intento, porque Austria estaba mejor armado, y porque realmente no recibió ayuda de otras potencias. Piamonte por lo tanto, estaba en una posición diplomática única. Francia quería a Austria fuera de Italia, pero no se arriesgaría a un conflicto abierto con los austriacos, ya que eso introduciría a los británicos en el mismo.
Más aún, Francia también consideraba Piamonte como un estado intermedio necesario. Esto significaba que Piamonte era libre de atacar a Austria cuanto quisiera, sin temer las consecuencias posteriores a la guerra, ya que Francia no dejaría que Piamonte desapareciera. El conocimiento de que los franceses siempre apoyarían a Piamonte, impulsó a Cavour a lanzar una política abiertamente agresiva entre 1856 y 1859. En 1857, rompió relaciones diplomáticas con Austria. En 1858, logró un acuerdo secreto con Napoleón III de Francia que cedía Saboya y Niza a los franceses a cambio de respaldo en una guerra en contra de Austria. En 1859, la guerra ocurrió, pero los franceses se retiraron bajo la presión de los británicos. Piamonte por lo tanto, solo pudo obtener a Lombardia como botín de la guerra. Cavour dejó el gobierno en señal de protesta, pero regreso en 1860. En este punto propuso una serie de plebiscitos cuyo resultado positivo permitiría Piamonte anexar Venecia, Toscana y Modena. Este nuevo grupo de estados ahora sería el Reino de Italia, con la Casa de Saboya en el trono.
Ahora sólo estamos a la mitad del proceso de unificación, pero antes de ir más lejos, necesitamos mirar atrás y considerar el segundo factor de unificación que mencioné antes, Giuseppe Mazzini, el fundador espiritual de la Unificación Italiana. Mazzini es particularmente importante, porque conjunta muchas de las corrientes políticas que discutí en las conferencias de los “ismos”. Nacido en 1805, Mazzini fue influenciado por el Romanticismo, aunque él no era un verdadero romántico. Los Románticos crearon a la nación, viendola como el elemento sobre el cual se basaba toda experiencia cultural. Mazzini era parte de una tendencia liberal dentro del Romanticismo, en el sentido que se veía a sí mismo como un líder en una lucha internacional para emancipar a toda la gente del mundo. Como evidencia de su Liberalismo, debemos notar que incluyó a mujeres, sirvientes, y esclavos en su misión internacional. Pero Mazzini también era italiano. Quería unir las muchas Italias en una sola nación-estado, creyendo que organizar a la gente en estados contiguos era la única manera de traerle paz a Europa. (En eso se equivocaba, claro). El enfoque romántico de Mazzini de la política lo hizo un oponente tanto del Liberalismo como del Marxismo. Veía a los liberales como demasiado preocupados con los derechos individuales, dispuestos a dejar a la nación sufrir a expensas de los individuos. También creía en la propiedad privada, aunque no le gustaban los negocios grandes. Así que Mazzini era una figura muy compleja, y trazar su influencia en la unificación de Italia nos ayudará a vislumbrar algunas de las complicaciones y contradicciones dentro del nuevo estado Italiano. Mazzini pasó sus primeros años en Genova. No le gustaba el orden post-revolucionario y se involucró en movimientos políticos subversivos mientras que era estudiante, uniéndose a los Carbonari, una sociedad secreta dedicada a la reforma liberal. En 1831, fue descubierto y tuvo que ir al exilio. Se estableció en Marsella, que se había vuelto en un refugio de exiliados italianos, y se rodeó de individuos que pensaban como él. Su contribución central fue la fundación de un famoso periódico, La Giovine Italia o Jovén Italia, que hacía propaganda para una revolución en Italia. Un gran movimiento emergió de este periódico llamado “Joven Italia”, con células en toda Italia. (La organización se volvió un modelo para el movimiento “Joven Turco” que fundó la Turquía moderna). En 1833 los genoveses rompieron la organización, al encerrar a algunos líderes locales en la cárcel y obligar a otros a huir. Mazzini respondió en 1834 patrocinando una invasión de Saboya que resultó un fiasco. Esto hizo que lo expulsaran de Francia. Entonces fue a Suiza y después a Inglaterra, donde continuó conspirando en contra de los muchos gobiernos italianos. En 1840, Mazzini se había vuelto el más famoso nacionalista italiano, y una generación entera de líderes políticos futuros aprendieron su nacionalismo de él.
Mazzini estuvo activo durante los 1840s, tratando de comenzar rebeliones en toda Italia. Durante este tiempo, reclutó un aventurero-soldado italiano llamado Giuseppe Garibaldi para conducir una serie de invasiones fallidas y otras correrías. Garibaldi había sido influenciado de más joven por Mazzini, pero sus políticas hicieron que fuera exiliado a Sudamérica, donde básicamente se ganó la vida como pirata. En 1848, Garibaldi regresó a Italia bajo el aliento de Mazzini, trayendo consigo 60 hombres para llevar a cabo la lucha por la independencia. La mayoría de las operaciones de Garibaldi fueron fracasos, pero con cada una tanto él como Mazzini se volvieron más famosos y determinados a dirigir a Italia a la unificación. En 1859, cuando Cavour llevó a Piamonte a la guerra en contra de Austria, Mazzini todavía estaba en Inglaterra, pero regresó rápidamente a Italia después de enterarse de la traición de Francia, tratando de generar problemas.
Desafortunadamente, Mazzini generó problemas, más que nada, para Cavour, ya que odiaba la monarquía y resentía el tipo de unión conservadora que proponía Cavour. No obstante, la ironía es que las maquinaciones de Mazzini en realidad aseguraron que Italia fuera unificada bajo el modelo de Cavour. Mazzini estaba convencido de que un levantamiento en el sur traería consigo un cambio democrático a través de toda Italia. Cuando supo de un levantamiento en Sicilia convenció a Garibaldi de dirigir una expedición allí, para derrocar a los Borbones que todavía mantenían el trono. En una campaña brillante, Garibaldi venció a los Borbones y entró a Nápoles. Desafortunadamente para Mazzini, Garibaldi se había unido al ejército Piamontés y solamente reinó Nápoles en nombre de Victor Emanuel hasta que los oficiales Piamonteses llegaron. Cuando los Piamonteses tomaron el poder, solamente los Estados Papales y Venecia permanecían fuera del control italiano.
El periodo de 1860-1870 marcó el decaimiento del Risorgimento italiano. La única cuestión pendiente era Roma y los Estados Papales, que el Papa todavía reinaba. Lo que debemos mantener en mente aquí, sin embargo, es que Italia era ahora en gran parte irrelevante desde una perspectiva europea. Desde 1864, Otto von Bismarck, había emprendido una serie de tres guerras que terminó en 1870 con la guerra Franco-Prusiana. Mientras que el mundo veía estos eventos, la situación italiana comenzó a significar mucho menos. En 1866, los italianos utilizaron la guerra entre Prusia y Austria como una excusa para atacar a Austria, esperando robar un poco de territorio en Tirol que tenía unos pocos de hablantes italianos. Perdieron de nuevo, a pesar del contundente éxito Prusiano. (Los italianos no obtendrían este territorio hasta 1919, cuando los victoriosos Poderes Ententes se los dieron en la conferencia de Versalles). Esta inhabilidad para mantenerse al tanto con los otros poderes europeos, nos muestran los límites tanto del Risorgimento como de la economía italiana. El Risorgimento fue mucho más importante culturalmente que políticamente. Con el surgimiento de Prusia, la vieja batalla Franco-Austriaca significó mucho menos, e Italia dejó de ser un campo de batalla estratégico. De hecho, a penas si fue importante, ya que Italia no tenía los recursos para competir con Alemania, Gran Bretaña, o Francia. Así, cuando las tropas Italianas entraron Roma en septiembre 20 de 1870, terminando el reinado territorial del Papa, fue algo vergonzoso. No hubo realmente ninguna batalla, y el Papa se retiró rápidamente al Vaticano, donde todavía permanece. Italia ahora tenía una ciudad capital, pero parecía que a nadie le importaba. El gran teórico italiano e historiador Benedetto Croce (1866-1952) dijo del Risorgimento que hasta 1870 la historia de Italia había sido poesía. Después de 1870 sin embargo, descendió hacia la prosa. Esto refleja un poco del desencantamiento con el mundo político. En los tiempos de Croce, el nacionalismo se transformó de una retórica de liberación, en una justificación para el poder y la violencia estatal. Seguiremos un tema parecido la conferencia siguiente.