miércoles, 14 de mayo de 2008

Sesión 28: El fin de la Guerra Fría, 1961-1991

En la sesión de los orígenes de la Guerra Fría y su curso durante los 1940s y 50s, notamos que el conflicto tenía que ser entendido como una competencia estratégica en vez de como una guerra de balazos. Dos sistemas exclusivos económicos y políticos se confrontaron y comenzaron a competir por influencia alrededor del mundo. Esta competencia comenzó con la ocupación y la reorganización de Europa después de la Segunda Guerra Mundial y después se extendió a Asia, África y América Latina. Aunque los Estados Unidos y la Unión Soviética no se involucraron en una guerra de balazos, la esencia de su conflicto era militar. Ambos lados ocupaban grandes áreas afuera de sus respectivos países. La Unión Soviética controlaba Europa del Este y los Estados Unidos tenían tropas en Europa Occidental y Japón, así como una serie de bases militares alrededor del mundo. Además, a finales de los años cincuenta ambos lados tenían armas nucleares y la capacidad de mandarlos desde plataformas de misiles balísticos. Este balance de terror estratégico hizo posible la Guerra Fría, en el sentido que restringió a ambos poderes de involucrarse en un conflicto directo. Esto era bueno, hasta el punto en el que ayudó a evitar otra guerra mundial, una que hubiera sido mucho más destructiva que ambas de las dos guerras mundiales combinadas. No obstante, también trajo consigo otros problemas que no serían resueltos por cincuenta años.
Para entender el surgimiento de la Guerra Fría y su declive más claramente, debemos dividirla en dos etapas: 1945-1961, y 1961-1991. Hemos cubierto el primer periodo en la sesión de los orígenes de la Guerra Fría. En esta sesión consideraremos mayormente el segundo periodo. 1961 fue un año crucial en muchos aspectos. Primero, marcó el clímax político del Comunismo Soviético. Durante los cincuentas, parecía que la Unión Soviética y sus aliados, incluyendo China, estaban lentamente apoderándose del mundo. Para aquellos viviendo en los Estados Unidos y en Europa Occidental, sus países parecían como pequeñas bases en un océano hostil. Los Soviéticos se habían engullido toda Europa del Este después de la Segunda Guerra Mundial y utilizaron la fuerza para mantener a su sistema económico en su sitio. En 1956, el ejército Soviético también sofocó una rebelión anti-Soviética en Hungría. En 1949, Mao Zedong llevó a su Partido Comunista a la victoria y rápidamente firmó una alianza con los Soviéticos. En 1950, Corea del Norte Comunista lanzó un ataque sorpresa en contra de Corea del Sur, y China también invadió Tibet. En 1959, Fidel Castro y su pequeño grupo de seguidores derrocaron el régimen corrupto de Fulgencio Batista y rápidamente se alió con la Unión Soviética.
Los Estados Unidos respondieron a la actividad Soviética con un sistema de alianzas que incluían la NATO, la SEATO y el CENTO, así como también programas de ayuda masiva como el Plan Marshall y otras formas de ayuda directa a países alrededor del mundo. Aunque los Estados Unidos habían resistido los intentos Soviéticos para incrementar su influencia alrededor del mundo durante los cincuentas, para 1961 estaba claro que un consenso nacional en contra de los Soviéticos había emergido. En su discurso inaugural el presidente John F. Kennedy marcó el tono, diciendo, “Dejen saber a cada nación, independientemente de si nos desea bien o mal, que pagaremos cualquier precio, cargaremos cualquier carga, enfrentaremos cualquier obstáculo, apoyaremos cualquier amigo, nos opondremos a cualquier enemigo, para asegurar la supervivencia de la libertad.” El mundo bipolar de las superpotencias era ahora la materia de la política diaria.
Segundo, 1961 fue también el clímax del liderazgo Soviético en la ciencia. En 1949, los Soviéticos habían explotado su propia bomba atómica y una bomba de hidrógeno siguió en 1953. La rapidez de los avances Soviéticos era impresionante. En atómica los Estados Unidos había tenido el liderazgo por cuatro años seguidos, de 1945 a 1949. Sin embargo la brecha entre las dos superpotencias se cerró más rápido con la bomba de hidrógeno: los Estados Unidos explotaron su primera bomba de hidrógeno den 1952, y los Soviéticos los alcanzaron casi en seguida. Cuando ambos obtuvieron la bomba-H, el mundo entró en una fase aún más peligrosa, ya que la capacidad destructiva de la bomba de hidrógeno era de una magnitud mayor que las armas ordinarias atómicas. (La explosión de los Estados Unidos de una bomba-H en el Pacífico Sur dejó un agujero en el océano de siete millas de profundidad).
Además, los Soviéticos claramente llevaban el liderazgo en tecnología balística y del espacio. En Octubre 4 de 1957, los Soviéticos lanzaron el Sputnik a la órbita. Sputnik II, que tenía a un perro dentro, salió tan solo un mes después. Estos lanzamientos les dieron a los Soviéticos experiencia valuable para entender el efecto de los vuelos espaciales en los cuerpos vivos. Los Estados Unidos respondieron rápidamente, aunque frenéticamente, lanzando su primer misil balístico al final de ese año, y poniendo su primer satélite, el Explorer I, en órbita en Enero 31 de 1958. La carrera por el espacio había empezado, pero los Soviéticos parecían estar ganando. En Abril 12 de 1961, Yuri Gagarin se convirtió en el primer ser humano en orbitar la tierra, pasando hora y media en el espacio. Los Estados Unidos respondieron en Mayo 5 mandando a Alan Shepard al espacio por 15 breves minutos, y luego tan sólo a un camino sub-orbital. De nuevo, los Estados Unidos estaban detrás. El primer Americano en lograr completa la órbita terrestre fue John Glenn en 1962, y en este contexto de aparente atraso debemos entender la llamada famosa de John F. Kennedy en Mayo 25 de 1961 para poner a un hombre en la Luna antes del fin de esa década. Los Americanos tenían miedo de perder su vanguardia tecnológica a los Soviéticos y estaban dispuestos a gastar mucho dinero para cubrir la distancia. La diferencia entre las dos superpotencias fue que, ultimadamente, tan solo los Americanos tenían el dinero para librar esta guerra tecnológica.
Finalmente, la Economía Soviética parecía estar sobrepasando a la Americana durante los cincuentas. Aunque ahora sabemos que las tasas de crecimiento Soviéticas no eran erales, hubo mucha ansiedad sobre el rendimiento de la Economía Soviética en América en ese momento. A pesar de sus limitaciones, el Plan Quinquenal (1951-55) incrementó el ingreso nacional por 71%. El Plan Sexenal (1956-60) cambió un poco del énfasis tradicional en la industria pesada hacia los bienes de consumo, aunque el subsiguiente Plan de Siete Años (1957-1962) volvió a reacomodar algunas de estas prioridades una vez más. Este último plan enfatizaba la industria química e inversiones fuertes en el campo del este de la Unión Soviética y pareció gozar al principio de un poco de éxito. El ingreso nacional incrementó 58%. La producción industrial bruta incrementó por 84%. Los bienes para productores aumentaron en un 96% y los bienes de consumo en un 64%.
En general, las tasas de crecimiento anual Soviéticas entre 1928 y 1955 fueron, supuestamente, mayores a 12%. Las figuras comparables en occidente fueron del 10%. Para 1960, las estadísticas oficiales Soviéticas mostraban un crecimiento anual del 10%, aunque estas tasas bajaron constantemente durante las décadas siguientes. Estos números crecientes incluso llevaron al Secretario General del Partido Comunista, Nikita Khrushchev a predecir que las economías Comunistas algún día, rebasarían las capitalistas en riqueza. Sin embargo para mediados de los ochentas, las tasas de crecimiento estaban oficialmente estimadas a un 2.2%, con el PIB cerrando en $2.4 trillones. Más aún, todo mundo empezaba a sospechar que los números Soviéticos eran una mentira. En 1988, el Secretario General del Partido Comunista, Mikhail Gorbachov reportó al Comité Central que la economía Soviética en realidad no había crecido en veinte años.
En retrospectiva podemos ver sin embargo, que para 1961, el auge de la Unión Soviética había terminado. Económicamente, su principal problema era que no podía competir con las economías capitalistas en la producción de riqueza, que cada vez más se comenzó a medir en términos de bienes de consumo. En 1959 estaba ya claro, cuando el Vicepresidente de los Estados Unidos y el Primer Ministro Soviético Nikita Khrushchev debatieron los relativos méritos de sus respectivos sistemas económicos en una maqueta de una cocina Americana en Moscú. Sin importar que tan tonto el debate nos pueda parecer hoy, esta claro que la gente viviendo detrás de la cortina de hierro no tan solo tenía pocos bienes de consumo a su disposición, pero también menos tiempo de vacaciones.
Más aún, al mismo tiempo que los Soviéticos tenían que trabajar más duro tan sólo para quedar atrás, la economía Soviética tenía que hacer enormes sacrificios para su presupuesto militar. En dólares de hoy en día los Estados Unidos gastaron alrededor de $320 billones por año en defensa militar para vencer a la Unión Soviética, lo que significa alrededor del 8% de su PIB por 30 años. A mediados de los ochentas, la Unión Soviética estaba dedicando el 15-17% de su PIB en defensa y no podía incrementar sus gastos ya más, cuando Ronald Reagan incrementó el presupuesto de defensa Americano en los ochentas. En este sentido, la competencia militar de la Guerra Fría entre las dos sociedades tuvo un efecto desproporcionadamente negativo en la Unión Soviética, ya que tenía que competir en contra de los Estados Unidos con menos recursos en general a su disposición.
El éxito de la NASA es un ejemplo de la brecha que emergió entre los dos poderes después de 1961. NASA fue creada en 1958 en respuesta al Sputnik, como una organización dedicada a la exploración del espacio y a alcanzar a los Soviéticos. Aunque el programa existía antes que John F. Kennedy subiera a la presidencia en Enero de 1961, el apoyo incondicional del presidente para él, tanto en palabras como en dinero, le dio al programa un impulso significativo y comenzó fervientemente a construir naves espaciales con la intención de poner a un hombre en la luna para el final de la década. El progreso hacia un aterrizaje en la luna fue premeditado. De 1961 a 1963, NASA llevó a cabo el Proyecto Mercurio, que puso una cápsula de un hombre en el espacio y después recuperaba al piloto y a la cápsula después de un clavado en el océano. Mercurio fue seguido por el Proyecto Géminis, que duró de 1964 a 1967. El sistema Géminis puso una cápsula de dos hombres en el espacio y la recuperó junto con los dos pilotos del océano. Sin embargo el momento histórico mundial de NASA vino con el Proyecto Apollo, que fue anunciado en 1961, pero que de hecho comenzó hasta 1967. El Programa Apollo mandó una cápsula de tres hombres a la luna a bordo del cohete más poderoso del mundo, el Cohete Saturno V. En Julio 20 de 1969 NASA puso a los primeros seres humanos en la luna con el vuelo del Apollo 11. El último aterrizaje en la luna ocurrió en Diciembre de 1972, con el Apollo 17. En este aspecto, la Unión Soviética nunca logró alcanzar el éxito Americano.
El Programa Apollo es un ejemplo importante de las dificultades que enfrentaba la Unión Soviética tratando de alcanzar a los Estados Unidos. En total, el programa costo $25.4 billones, una suma de dinero que tan solo los Estados Unidos podían pagar, dadas las diferencias económicas que seguían creciendo. En 1971, por ejemplo, el ingreso per capita de los Estados Unidos era el más alto del mundo con $18’842. Para la Unión Soviética esa figura en ese año era de $1’385. Encima, el programa espacial engendró una serie de habilidades e inventos importantes que la industria de consumo Americana rápidamente tomó. Por ejemplo, mucho del ímpetu para la miniaturización surgió de la necesidad de la NASA de meter la mayor cantidad posible de herramientas electrónicas en el menor espacio posbile. Estados Unidos también ganó experiencia vital escribiendo complicados programas de computadoras. Los códigos que fueron cargados a las computadoras de los Apollo se hubieran extendido por millas, si se hubieran impreso y puesto de principio a fin. La transferencia de estas habilidades de programación ala industria es un factor esencial para la revolución del software en la cual se basa la computación moderna. Además, el relativo éxito del programa espacial de los Estados Unidos continuó. Los Soviéticos hicieron un gran empuje en los setentas para sobrepasar a los Estados Unidos construyendo una estación espacial, y gozaron de gran éxito manteniendo esta estación trabajando. Los Estados Unidos alcanzaron a los Soviéticos en 1973, aunque por poco, construyendo su propio laboratorio orbital espacial. La superioridad de los Estados Unidos en la tecnología espacial se volvió clara sin embargo, cuando se construyó el Cohete Espacial, el primer vehículo espacial reutilizable del mundo, que fue lanzado por primera ocasión en 1981. Los dos últimos programas de la NASA fueron un fracaso tanto científico como de negocios. Skylab, la estación espacial Americana, nunca produjo ningún tipo de descubrimiento científico que algunos científicos originalmente prometieron. Al final, se cayó a la atmósfera de la tierra y se quemó, debido a un problema imprevisto en su trayectoria orbital. El Cohete Espacial, en particular, se supone que se iba a autofinanciar lanzando satélites al espacio, aunque ahora está claro que el programa es demasiado caro para cubrir sus costos. Aún así, los Soviéticos nunca fueron capaces de hacer nada más en el espacio que forzar a sus Cosmonautas a permanecer mucho tiempo en órbita. Al final, sus habilidades técnicas siempre estaban limitadas por sus debilidades económicas.
En política el primer signo claro de los límites de la Unión Soviética vino con la Crisis de los Misiles Cubanos. En 1960, Nikita Khrushchev prometió defender la soberanía Cubana con armas nucleares. Dadas las tensiones que existían entre las dos potencias, este era un movimiento político sospechoso. Si los Estados Unidos hubieran prometido defender a Hungría con armas nucleares después de que se alzó en contra de los Soviéticos en 1956, pudo haber habido una guerra nuclear. No obstante, en 1962, Khrushchev llevó a la Unión Soviético a lo que solamente se puede describir como una aventura de política exterior, mandando misiles nucleares a una isla que estaba tan solo a 90 millas de la costa de Florida. La proximidad de los misiles a la frontera de Estados Unidos significaba que éste no hubiera tenido ninguna advertencia de un ataque nuclear, si los misiles llegarán a ser lanzados. La única postura militar adecuada en este caso hubiera sido un estatus más alto de alerta que hubiera traído consigo, a su vez, una mayor probabilidad de un lanzamiento accidental en contra de los Soviéticos. Para entender que tan tonta fue la política de Khrushchev, consideren como los Sovieticos hubieran reaccionado si los Estados Unidos pusieran misiles nucleares en Japón. Hubieran correctamente visto esto como una provocación y esto hubiera incrementado su estatus de alerta. Por esto el Presidente Kennedy tuvo razón en responder con fuerza a la provocación de Khrushchev y lo hizo bloqueando a Cuba y forzando a los Soviéticos a retirarse. A cambio de su retirada los Estados Unidos prometieron nunca invadir Cuba. En 1964, Nikita Khrishchev fue removido del poder. Esto fue en gran parte por el fracaso dramático de sus políticas agriculturales,m aunque la Crisis de los Misiles en Cuba no ayudó en nada. Bajo la “Campaña de Tierras Vírgenes” de Khrishchev, los Soviéticos invirtieron grandes cantidades de dinero en plantar tierra sin cultivar en el este de la Unión Soviética. El plan fue un fiasco, ya que las granjas nunca produjeron mucha comida, debido al mal clima y a la peor administración. Khrishchev fue repuesto por un hombre mucho más cauteloso, Leonid Brezhnev, que se volvió el Primer Secretario del Partido Comunista. Brezhnev era más tendiente a los negocios que Khrushchev y menos propenso a explosiones tontas. Khrushchev alguna vez dijo que los Soviéticos abandonarían sus ambiciones revolucionarias cuando los camarones aprendieran a cantar. Brezhnev sin embargo, resistió la tentación de mover demasiado el barco diplomático.
Aunque Brezhnev gobernó con una mano de hierro dentro del mundo Comunista—había sofocado un pequeño movimiento de reforma en Czechoslovakia en 1968—también trato de normalizar las relaciones con el Occidente. El resultado diplomático fue una serie de reuniones y tratados que ahora son llamados détente. El deseo de Brezhnev de traer más realismo y menos tensión a la competencia entre los dos grandes poderes se vio igualado en los Estados Unidos por el Presidente Richard Nixon y su consejero cercano Henry Kissinger.
Tanto los Estados Unidos como la Unión Soviética tenían razones fiscales de peso para querer negociar en vez de competir. La economía Soviética había dejado de crecer y los Estados Unidos habían incrementado dramáticamente su gasto público en los sesentas. Por una parte, los gastos domésticos del Presidente Lyndon Johnson incrementaron con la aprobación de una serie de iniciativas sociales que son conocidas colectivamente como “la Gran Sociedad.” Por otra parte, la expansión de Johnson en la intervención Americana en la Guerra de Vietnam aumentó no solamente el número de muertos sino también el gasto militar. Para la elección presidencial de Richard Nixon en 1968, los Americanos estaban ya cansados de pagar por la guerra, y Nixon comenzó a disminuir la intervención Americana para reducir sus pérdidas. Para 1973, los Estados Unidos habían firmado un cese al fuego con los Vietnamitas del Norte. Sin embargo esta política llegó demasiado tarde para la economía Americana, ya que las políticas fiscales del propio Nixon combinada con aquellas de su predecesor habían sobrecalentado a la economía Americana, trayendo casi una década de inflación de dos dígitos.
No obstante, la administración de Nixon también trajo consigo un nuevo realismo en la política exterior a la altura del de Brezhnev’s. Tanto Nixon como Kissinger eran capaces de dejar a un lado la tradicional oposición binaria Estados Unidos – Unión Soviética por preocupaciones prácticas, y la historia oral de Nixon en contra de los Comunistas le dio suficiente prestigio político doméstico para lograr este cambio. Ya hemos discutido la famosa visita de Nixon a China; sus negociaciones con los Soviéticos sobre las limitaciones de armas nucleares fueron igualmente históricas.
Entre 1969 y 1972, ambos lados comenzaron a negociar anhelando disminuir las tensiones políticas y militares. La idea Americana era que se podía lograr que los Soviéticos moderaran su comportamiento ofreciéndoles negocios económicos favorables. Esto llegó a ser conocido como “vínculo” en Occidente. El acceso al dinero de los Estados Unidos era deliberadamente vinculado a las políticas internas e internacionales Soviéticas. El lado Soviético, por su parte, también quería restringir el gasto militar Americano y se sostuvo en la idea que se había originado con Khrushchev, “coexistencia pacífica”. El resultado diplomático de estas tendencias fueron las Conversaciones sobre Limitación de Armas Estratégicas, o SALT. Primero fue sugeridas por Lyndon Johnson, estas pláticas produjeron dos tratados sobre la limitación de armas estratégicas, SALT I y SALT II. Firmadas en Mayo 26 de 1972 en Moscú, SALT I era una complicada colección de tratados, de los cuales el más importante era el Tratado de Misiles Anti-Balísticos (ABM) y el Tratado Interino y Protocolo en la Limitación de Armas Estratégicas Ofensivas. El Tratado ABM limitaba a ambos lados en el desarrollo y la instalación de sistemas anti-balísticos. El miedo era que si cada lado tenía un sistema así, el otro lado no tendría remedio más que producir más misiles para abrumar al sistema. El Acuerdo Interino congeló el sistema misil intercontinental (ICBM) y oceánico (SLBM) de ambos lados. Se pensaba que esto era justo, ya que los Soviéticos tenían ventaja en los ICBMs y los Estados Unidos en los SLBMs.
El presidente Nixon sometió el SALT I al Senado de los Estados Unidos, donde fue ratificado. SALT II, que fue negociado por Jimmy Carter en 1979, sufrió un destino diferente. Firmado en Junio de 1979, este acuerdo expandió el dominio del SALT I, limitando el número de MIRVs (Vehículos de re-entrada de Impacto Múltiple), bomberos pesados, y el número total de lanzadores de misiles balísticos. Sin embargo el Presidente Carter fue forzado por el Senado a retirarse del tratado después de la invasión Soviética de Afghanistan. No obstane, ambos lados cumplieron voluntariamente los límites hasta la firma de acuerdos subsiguientes.
La invasión Soviética de Afghanistan en Diciembre 24 de 1979 amargó las relaciones de las superpotencias para la próxima década. Primero, la invasión aumentó de nuevo el espectro de la ideología agresiva Comunista que estaba obstinada con la dominación mundial. La opinión pública en los Estados Unidos rápidamente se volvió en contra de cualquier negociación posterior con los Soviéticos. El President Jimmy Carter respondió con su famoso boicot a las Olimpiadas en Moscú y enunciando que había aprendido mucho de la Unión Soviética. Segundo, en un nivel mucho más profundo, el cambio tecnológico había hecho obsoletas las premisas básicas del SALT I y II.
A fines de los setentas los Soviéticos desarrollaron un nuevo misil balístico de alcance intermedio llamado el SS-20, que podía depositar una cabeza nuclear a 5’000km aproximadamente. Estacionó estos misiles al este de las Montañas Ural, lo que significaba que la Unión Soviética podía hacer volar a toda Europa en menos de diez minutos. Algunos aliados Europeos de Estados Unidos respondieron presionando a Estados Unidos para que desarrollaran sus propios misiles balísticos de alcance intermedio y los estacionaran en Europa Occidental. Los resultados fueron el Pershing II y el Misil Tomahawk Cruise; ambos podían llegar a Moscú de Europa Occidental en diez minutos. A pesar de las tremendas protestas en toda Europa en contra de su despliegue, la NATO puso a los Pershing IIs en el Continente a principio de los ochentas. En conjunto estos sistemas de armas desestabilizaron el frágil acuerdo entre las dos superpotencias. El resultado fue más pláticas y la firma del Tratado de Fuerzas Nucleares de alcance intermedio en 1987, donde ambos lados juraron eliminar sus IRBMs.
La superioridad en tecnología Americana también socavó la burda paridad en los sitemas intercontinentales balísticos consagrados en el SALT I. Hasta los ochentas, los Estados Unidos habían contado con dos sistemas de misiles acuáticos, el Poseidon y Polaris, que estaban basados en tecnología de los cincuentas. Sin embargo después de treinta años de servicio, los sistemas necesitaban actualizaciones, y no por otra razón más que ya no podían ser mantenidos propiamente. Durante el fin de los sesentas, los Americanos comenzaron a diseñar un nuevo SLBM llamado el Tridente I. El sistema fue desplegado durante los ochentas y noventas. El sistema Tridente era problemático para los Soviéticos por dos razones. Primero, los Soviéticos no tenían idea de lo que eran los misiles balísticos submarinos Americanos. Los nuevos submarinos tipo Ohio, que primero aparecieron en 1981 no tan sólo eran demasiado discretos para ser detectados por los Soviéticos, pero también cargaban 24 misiles Tridente, de los cuales cada uno tenía ocho cabezas nucleares con MIRV. Ya que cada cabeza nuclear tenía una capacidad explosiva de 100 kilotones, tan sólo un submarino estacionado en la costa este de la Unión Soviética podía destruir enteramente a la mitad del país. Segundo, para el tiempo en el que el Tridente II fue desplegado a principios de los noventas, los SLBMs Americanos se habían vuelto tan exactos que no tan solo tenían una gran alcance (7’400km) pero también capacidades de matar blancos difíciles. Cada misil Tridente II tenía diez cabezas nucleares de 475 kilotones, lo que significaba que los Estados Unidos podían obliterar la mayor parte de los misiles silos terrestres de casi cualquier lado del Atlántico o el Pacífico, manteniendo sus propias fuerzas terrestres en reserva.
Lo que esto significaba para el control de armas era que los Estados Unidos necesitaban menos bases de despegue y menos misiles terrestres para amenazar a los ICBMs de la Unión Soviética. Así, la lógica básica para la limitación de armas ya no era aplicable a la situación estratégica, y un signo de esto fue las Conversaciones sobre la Reducción de Armas Estratégicas. Comenzadas bajo el Presidente Ronald Reagan en 1982 y completadas en 1991 por el Presidente George Bush y el Secretario General Mikhail Gorbachev, estas conversaciones dieron por resultado un tratado que redujo las reservas estratégicas en ambos lados por primera vez.
A la luz de estos factores ahora debemos considerar dos de los líderes más significantes de los muchos que hubo en la Guerra Fría, el presidente Ronald Reagan y el Secretario General Mikhail Gorbachev. Ronald Reagan llegó a la presidencia en Noviembre de 1980 con una victoria electoral abrumadora sobre el titular de la presidencia en aquel tiempo Jimmy Carter. El rendimiento tan pobre de la economía durante el final de los setentas selló el destino de Carter, pero la insatisfacción con su política exterior también fue un factor significativo en la derrota. Estados Unidos quería un líder más asertivo, y Reagan entró a la presidencia prometiendo reducciones de impuestos, reducciones en programas sociales, y un incremento en el gasto de defensa. Cumplió todas estas promesas, aunque hasta hoy hay mucho desacuerdo acerca de sus efectos en la economía de los Estados Unidos. Algunos piensan que Ronald Reagan puso en peligro la salud financiera de Estados Unidos al incrementar los déficits federales anuales. Otros sostienen que sus reducciones de impuesto liberaron a la economía Americana e hicieron posible el crecimiento. Dejando a un lado qué lado tiene la razón, lo importante es que para 1983 la economía Americana estaba creciendo rápidamente. En 1984 los votantes Americanos le dieron a Ronald Reagan crédito por ello, dejándolo en la Casa Blanca en otra abrumante victoria y esta vez con el sorprendente 59% del voto popular. Así, durante su segundo mandato, Reagan no tan sólo tuvo el apoyo de la gente estadounidense, sino también una economía creciente que presumía el poder de compra de los Americanos. Los Soviéticos no podían seguir compitiendo con el gasto militar cada vez mayor de los Estados Unidos y eventualmente tuvieron que salirse completamente del juego.
Mikhail Gorbachev confrontó indudablemente una situación política y económica diferente. En 1985, se volvió el líder de la Unión Soviética en medio del estancamiento completo. La economía Soviética no estaba creciendo, y cosas como el alcoholismo y la mortalidad infantil estaban incrementando. Reconocido como un reformador, instituyó cambios estructurales profundos en la vida pública Soviética y en la economía. Estas reformas caían bajo dos rubros: glasnost, que significa apertura, y perestroika, que significa reestructuración. Gorbachev abrió la economía a más iniciativa individual y la vida pública a más debate, en un intento de competir más efectivamente con los Estados Unidos. Desafortunadamente para Gorbachev, sus medidas meramente fueron exitosas en destruir a la vieja Unión Soviética. Los Rusos comenzaron a demandar más libertad y democracia que lo que Gorbachev estaba dispuesto o era capaz de dar—ya que incluso las reformas limitadas de Gorbachev estaban enfureciendo a los viejos Comunistas en el ejército y el gobierno. La aparente suavización de las políticas Soviéticas causo eventos que rápidamente se salieron de control. En 1989, el Muro de Berlín cayó y la mayoría de Europa del Este declaró su independencia del Imperio Soviético. Gorbachev permitió que estos estados partieran, incluso negociando la absorción de la antigua República Democrática Alemana a la República Federal de Alemania. Pero la debilidad percibida de Gorbachev significó el fin de su régimen.
En 1991, los viejos Comunistas sostuvieron un golpe de estado fallido, que no tan solo rompió a Gorbachev sino también a la Unión Soviética. Dentro de unos meses la tradición imperial que databa desde Pedro el Grande se desintegró, ya que las Repúblicas Soviéticas periféricas se volvieron estados independientes por primera vez. Incapaces de acumular suficiente fuerza para competir con los Estados Unidos, la Unión Soviética colapsó, dejando a una Rusia pobre y enferma en su despertar.
Era creído en esos tiempos que la Guerra Fría había marcado el fin de la historia. Los dos grandes adversarios finalmente se habían convertido en amigos. La nueva Rusia se volvería ahora capitalista y próspera, y el mundo estaría en paz. Este sueño no se cumpliría.