jueves, 31 de enero de 2008

Sesión 13: Gran Bretaña y la lucha por el Imperio

La última vez hablamos sobre la inestabilidad en Francia como un problema para toda Europa. En 1789, los franceses tuvieron su revolución, en 1799 aclamaban a un dictador que puso a Europa en guerra. El recuerdo de las guerras napoleónicas no moriría tan fácilmente entre otras potencias europeas, y durante gran parte del siglo diecinueve la diplomacia europea se centró en mantener a Francia en su lugar. En esta sesión quiero tomar un enfoque diferente y considerar a Inglaterra como un problema para la seguridad europea. Durante mucho tiempo la gente ha tenido la idea que Gran Bretaña traía estabilidad a Europa. No era una potencia agresiva pero estaba interesada en mantener el status quo. El papel de la diplomacia británica era mantener el equilibrio de poder, o al menos así dice la historia. Hay algo de verdad en ello, pero el interés británico en la estabilidad europea tenía que ver menos con sus instituciones democráticas emergentes que con sus intereses mundiales. Si Francia, y después Alemania, llevaban a la guerra al continente, Gran Bretaña llevaba a la guerra y a la explotación al resto del mundo. En este sentido, aunque Gran Bretaña quería la estabilidad política en Europa, no había altruismo involucrado en ello, pues un Estado europeo poderoso podía amenazar los intereses mundiales de Gran Bretaña. Esta es la razón por la que los británicos estaban en contra de que Francia retuviera a Bélgica. Esta es la razón por la que la invasión alemana a Bélgica en 1914 metió a Gran Bretaña en la Primera Guerra Mundial.
Durante los siglos diecisiete y dieciocho, Gran Bretaña se convirtió en una potencia colonial agresiva, incautando los puestos comerciales y las colonias de otras potencias europeas alrededor del mundo. Donde España, Portugal y algunas ciudades-estado italianas adquirieron grandes imperios coloniales en siglo quince y dieciséis, Holanda, Francia y Gran Bretaña comenzaron a competir directamente con estas viejas potencias durante el siglo diecisiete. Inicialmente, los holandeses y los franceses disfrutaban de un gran éxito colonial, estableciendo puestos comerciales y colonias alrededor del mundo en áreas que incluían Norteamérica, África, India y Asia. Sin embargo, para finales del siglo diecisiete Gran Bretaña se había convertido en el rival colonial más imponente de todos.
Gran Bretaña lucho tres guerras con los holandeses durante el siglo diecisiete debidas a los derechos comerciales, una de 1652 a 1654, otra de 1664 a 1667 y la última de 1672 a 1674. En el proceso, los británicos se apropiaron de gran parte del imperio colonial holandés, incluyendo la India, y cierta ciudad de Norteamérica llamada Nueva Ámsterdam, que hoy se conoce como Nueva York. Con los holandeses fuera de cuadro, Gran Bretaña ganó dos guerras más durante el siglo dieciocho que resultaron en más ganancias coloniales. En la Guerra de la Sucesión Española (1701-1711), los británicos tomaron Gibraltar y Menorca de España, y ganaron el derecho exclusivo de proveer al Imperio Español con esclavos. Después en la Guerra de los Siete Años (1756-1763), que he mencionado en alguna sesión previa, Gran Bretaña eliminó a los franceses del negocio colonial en América del Norte al tomar los asentamientos franceses en lo que hoy es Canadá y la parte norte de Estados Unidos. Por tanto, durante los siglos diecisiete y dieciocho, Gran Bretaña fue una potencia colonial agresiva, determinada a luchar con sus vecinos europeos por cada ventaja comercial y marítima. Para 1800, ningún otro país podía competir por el control del comercio mundial o de los mares.
Antes de entrar al siglo diecinueve, necesitamos analizar una distinción terminológica importante. He hablado del colonialismo europeo, pero en la medida en la que nos acercamos al siglo diecinueve comenzaré a utilizar el término imperialismo. Los dos términos están relacionados fuertemente, pero al final hay distinciones importantes entre ambos. El colonialismo es un fenómeno que data de tiempo atrás, mucho más que el imperialismo. Ya es evidente en los siglos quince y dieciséis y describe el establecimiento de redes comerciales. Generalmente, una colomia era un puesto cerca del mar cuya función era incrementar el comercio con la metrópoli. Sólo en raras ocasiones las potencias coloniales iban más allá de las redes comerciales individuales para invadir una región o un país entero. Esto generalmente se debía a preocupaciones acerca de control político. Las potencias coloniales sólo podían controlar tanto territorio como las ideas de las personas que vivían ahí se los permitiesen. Por ejemplo, había una tensión constante entre la potencia británica y sus colonias en América sobre el grado de asentamiento europeo. Oficialmente, los estadounidenses no podían asentarse más allá de los Montes Apalaches al este de los Estados Unidos, y los británicos hacían todo lo posible para impedir dicha expansión. Ya saben cuál fue el resultado de dicha historia.
El imperialismo es un término más laxo que el de colonialismo, pero es importante porque describe el cambio en Europa, es decir, la revolución industrial. Lo que es diferente del imperialismo es que los estados industrializados (en el siglo diecinueve esto incluía a Rusia, Japón y los Estados Unidos) ahora podían proyectar su poder en otras partes del mundo, tomando grandes fajas de territorio sin la necesidad de colonizarlas con sus propios ciudadanos. Estos Estados industriales necesitaban el acceso a materias primas para sus industrias, por lo que no estaban tan interesadas en el comercio como sí lo estaban en la simple extracción de materias primas. (Se sorprenderán al oir esto pero una de las potencias más opresoras y viciosas era la pequeña Bélgica, que saqueaba materias primas de Congo para su altamente desarrollada base industrial). Además, las potencias imperiales ejercían grandes presiones económicas y diplomáticas en aquellas áreas que no querían controlar directamente. Por tanto, el imperialismo describe a un sistema de dominación completo que las potencias industrializadas usaban para obtener lo que necesitaban de regiones no industriales.
Al haber definido el imperialismo, necesitamos poner este amplio término en un marco de tiempo específico. El imperialismo es un periodo que comenzó en 1880 y sigue hasta 1945. Está caracterizado por un incremento masivo en el poderío industrial, una competencia feroz entre los Estados por el acceso a los recursos naturales, y nacionalismo estridente. También tiene una característica adicional: marca el fin del eurocentrismo, pues Japón y Estados Unidos se unieron al club imperial. El ascenso tanto en el poder total como en el número de países competidores incrementó la presión política en el mundo, pues varios actores continuaron luchando contra los demás. Entre 1870 y 1900, Gran Bretaña incrementó su territorio en la mitad y su población en un tercio. El nuevo Estado de Alemania, que discutiremos en otra sesión, adquirió un millón de millas cuadradas de territorio entre 1880 y 1900. Francia obtuvo 3.5 millones de millas cuadradas durante el mismo periodo.
Ahora analicemos la posición de Gran Bretaña dentro del ascenso del imperialismo en el siglo diecinueve. El Imperio Británico, en oposición a la Gran Bretaña colonial, apareció durante la Guerra de Crimea (1853-1856). Esta guerra fue peleada por los reclamos de Rusia de proteger a los cristianos ortodoxos que vivían bajo el gobierno de los sultanes otomanos, que eran musulmanes. Por el miedo al deseo ruso de extender su influencia sobre el Imperio Otomano, los británicos y franceses declararon la guerra a Rusia. La guerra fue un total desastre para todos, con mucha gente muerta sin ningún propósito. Cada lada perdió alrededor de 250,000 hombres, con la mayoría de muertos debido a enfermedades en vez de actividad enemiga. Al final, las fronteras de la Turquía Otomana fueron confirmados y los rusos obtuvieron un ojo morado. Esto tuvo implicaciones de largo plazo para Europa en varios niveles. Primero, Austria había apoyado a Gran Bretaña, Francia y Turquía, aunque no se metió a la guerra. Esto significaba que Rusia retiraría todo su apoyo diplomático a Austria. Por tanto, cuando Austria peleó contra Prusia por el liderazgo sobre un nuevo Estado alemán, sólo podría pedir el apoyo de Francia y Gran Bretaña, lo que significó que no recibiría ninguna ayuda. Segundo, desde la perspectiva británica esta guerra establecía qué tan esencial era una armada fuerte para defender los intereses británicos alrededor del mundo, e hizo que la armada fuera fuente de orgullo nacional. Desde entonces habría un consenso dentro de la política nacional británica que la armada debía ser abastecida de fondos debidamente. El Imperio Británico, además de ser una gran empresa económica, era también el derecho de nacimiento de cada británico.
Los efectos políticos de la Guerra de Crimea deben ser entendidos en términos de las experiencias británicas en otras partes del mundo. Comencemos con la India. The British East India Company había estado funcionando en la India desde el siglo dieciocho (Se acordarán que los británicos robaron a los holandeses sus intereses en la región). La East India Company era, sin embargo, un serio problema financiero para mediados del siglo diecinueve, y su única esperanza de sobrevivir era darle acceso a más territorio indio. Por tanto, entre 1848 y 1852, Gran Bretaña anexó a una serie de rajás que incrementaron mucho los recursos totales de la East India Company. El proceso de anexión cobró vida propia pues aparecieron resistencias. En 1857, la rebelión Sepoy estalló contra la dominación imperial británica. Esta rebelión se generó por las objeciones religiosas a las municiones británicas. Los británicos utilizaron un tipo especial de cartucho que se lubricaba con grasa animal. El problema con este sistema recaía en la utilización del cartucho. Para cargar el arma, un soldado tenía que romper la envoltura del cartucho con sus dientes. Los hindúes y los musulmanes objetaban el uso de este cartucho y se levantaron en contra. La rebelión llevó a una mayor ocupación, un proceso que terminó en 1876, cuando el primer ministro británico declaró a la reina Victoria como Emperatriz de la India.
Lo que necesitan entender acerca de este proceso es que los intereses económicos de Gran Bretaña la impulsaron hacia un imperio más grande. Con el control firme sobre la India, Egipto se convirtió en pieza clave de la política imperial británica. Los franceses habían completado el Canal de Suez en 1869. Al encontrar un interés común en mantener el canal abierto, los británicos y los franceses inicialmente lo administraron de manera conjunta. Sin embargo, en 1882 los nativos se levantaron contra el dominio imperial y los británicos ocuparon Egipto. Esto exacervó las tensiones entre Gran Bretaña y Francia, estableciendo el foro para una competencia imperial entre ambos países en Asia. Francia había desarrollado una imperio extenso en Asia y el Pacífico. Ya en 1847, los franceses tomaron Tahití. En 1853 adquirieron Nueva Caledonia. En la década de 1870, tomaron todo Vietnam, Laos y Camboya. Rumores de que los franceses se aproximaban a Birmania hicieron que Gran Bretaña se anexara esa región en 1886.
Los líderes europeos estaban al tanto de los peligros que habían creado. De hecho, había intentos para regular la competencia imperial, en tanto que las potencias pudieran evitar la guerra. Otto von Bismarck fue uno de los manipuladores principales en el drama que siguió, y el continente africano fue la principal víctima. Comencemos en 1876. En ese año, el rey Leopoldo de Bélgica invitó a un grupo de geógrafos a un conferencia en Bruselas para hablar de la explotación de los recursos naturales de África. En 1877, el rey estableció una compañía privada, llamada Asociation Internationale du Congo, que exploraría el río Congo y establecería puestos comerciales. Para 1884, este comité había firmado tratados con más de 450 tribus locales, y sobre esta líneas se hizo del control completo de la región que hoy es Zaire (In fact, today is called Democratic Republic of Congo).
Antes de continuar con África, necesitamos regresar a Europa, porque ahí podemos ver uno de los problemas estratégicos fundamentales del siglo diecinueve: la rivalidad que surgió entre Gran Bretaña, Francia y la nueva Alemania. En 1877 se desató la guerra entre los rusos y los otomanos, pues los rusos ayudaron a los levantamientos separatistas en Bosnia, Herzegovina, y Bulgaria. Rusia y sus aliados ganaron, y en enero de 1878 se firmó el tratado de San Estéfano con el que se ratificaban los beneficios obtenidos por Rusia en los Balcanes. Esto alarmó a los británicos y a los austricos, quienes sintieron amenazados sus intereses. Para evitar una crisis internacional, se celebró un congreso en Berlín para revisar el tratado de San Estéfano, dando algunas de las ganacias rusas a Austria. Otto von Bismarck presidió la conferencia, haciendo lo mejor para asegurar que ninguna potencia se convirtiera en lo suficientemente poderosa como para amenazar el nuevo status quo político que había creado en Europa. (Hablaremos de Prusia en otra sesión). Lo que quiero enseñarles hoy es que la presión era muy grande dentro de Europa que tendría que ser ventilada en algún lado. Bismarch se aseguró que fuera ventilada en África.
Ahora regresemos a África. En 1881, en parte por conveniencia de Gran Breteña y Alemania, los franceses invadieron Túnez. Tanto los británicos como los alemanes querían alejar a la política exterior francesa del deseo público de vengar su derrota frente a Prusia en 1871. Mientras los franceses se involucraban en la parte norte de África, Bélgica estaba ocupada en Congo, extrayendo las materias primas y oprimiendo a la población local. Las ganancias belgas hicieron descontentos a los portugueses. Los italianos ya estaban descontentos con las ganancias francesas en África, y dado que la ira se extendió, hubo otra conferencia en Berlín llamada Conferencia de Berlín sobre África Occidental. Esta conferencia creó al Estado Libre de Congo e inaguró el proceso, en gran parte pacífico, de la repartición de la totalidad del continente africano. Dentro de veinticinco años, el 95% (noventa y cinco por ciento) de África estaría bajo control europeo, pues Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y Portugal establecieron imperios. Estos imperios fueron producto de las rivalidades políticas y económicas de Europa. Cuando África fue finalmente repartida, y no había más lugar a dónde ir, estas rivalidades regresaron a Europa. Entonces, no es accidente que la Primera Guerra Mundial comenzara con una pequeña crisis en los Balcanes.
Ahora debemos hacernos a un lado por un momento y analizar las rivalidades europeas a través del Imperio Británico. Lo primero que notamos desde la perspectiva británica es que las políticas británicas mercantil y marítima crearon una necesidad constante de expander las fronteras de Gran Bretaña hacia el mundo. Para cuando comenzó la Guerra de Crimea, Gran Bretaña ya tenía detrás doscientos años de experiencia colonial. Cuando otros países entraron en escena, el impulso para defender la red colonial existente fue puesto en la agenda imperial. Los británicos no se anexaron ciertas regiones porque les dieran más riqueza sino que actuaban defensivamente para evitar que otras potencias europeas amenazaran sus intereses globales. De esto se trataba el Congreso de Berlín. Aquí regresamos a un tema mencionado anteriormente: la expansión de la industrialización fue central para este desarrollo. A medida que las industrias aparecían a lo largo de Europa y después, en Estados Unidos y Japón, la competencia imperial se volvió más intensa. Si Gran Bretaña pretendía asegurarse de ser la primera potencia, necesitaba una armada fuerte. Por tanto, a ninguna potencia podría permitírsele crecer lo suficiente como para retar la supremacia naval británica. Esta es la razón por la que los británicos perseguían una política del status quo tanto en las fronteras como en el gasto militar en el continente europeo. Cuando Alemania surgió como un competidor poderoso en lo naval y en lo imperial se había puesto el fundamento de la siguiente gran guerra.