miércoles, 9 de abril de 2008

Sesión 20: En la Sombra de Versalles: el Experimento de Weimar.

La última vez consideramos cómo la carnicería de la Gran Guerra fracturó la cultura Europea. Después de la guerra muy poca de Europa parecía que valía la pena conservarse, y un sentimiento de falta de esperanza general se esparció. Hoy, veremos como los problemas del periodo de la post-guerra inmediata afectaron Alemania. Aunque Alemania había perdido un poco de territorio en el tratado de Versalles y era ahora una república, era de todos modos el estado Europeo más fuerte. Una Alemania inestable y marginal era, por esto, un problema político para todos.
Al hablar de Alemania entre la Primera Guerra Mundial y la Segunda Guerra Mundial estamos claramente refiriéndonos a Weimar. Weimar entró a la escena, porque después de la caía del Kaiser y la declaración de la República, fue decidido que Alemania necesitaba Romper con su pasado imperial escribiendo una nueva constitución fuera de Berlin. (Por lo menos esta era la posición oficial; la verdad era que los delegados no hubieran estado seguros). En Febrero de 1919 los delegados se retiraron de Berlin para escribir una nueva constitución repúblicana en Weimar, un pequeño pueblo en el sudeste Alemán que alguna vez fue un sitio querido por Goethe, Schiller y Herder, y que había servido como el epicentro del autodescubrimiento literario alemán en el siglo XVIII. Escribir una constitución en Weimar fue, sin embargo, un error garrafal. Aunque Alemania era todavía un nuevo estado, su capital definitivamente seguía siendo Berlin, que era una de las más grandes metrópolis del mundo y que también abrigaba la mayoría de los símbolos políticos de Alemania, como el Reichstag y la famosa victoria de la columna que Bismarck construyó para memorar la victoria de Prusia sobre Francia en 1871. Definiéndose a sí mismo a través de Weimar, el nuevo gobierno abandonó los más poderosos símbolos de poder que tenía a la mano, lo que significó que éstos podían ser apropiados por otros. Así, cuando Alemania enfrentó disturbios económicos y políticos durante los 1920s, el gobierno en Weimar parecía ser poco más que un conjunto de habladores necios sin ninguna legitimidad. Aquellos que mejor se apropiaron los símbolos nacionales de Alemania fueron los Nazis, y no es ningún accidente que se libraran rápidamente de la constitución de Weimar después de tomar el poder.
La historia de Weimar es por lo tanto, una historia de fracaso, y vamos a dilucidar la naturaleza y el alcance de este fracaso. Puesto de otro modo, vamos a considerar cuántas cosas tuvieron que marchar mal antes de que Adolf Hitler pudiera subir al poder. He dividido esta sesión en tres partes. La primera cubrirá el periodo de 1919 a 1923. La segunda correrá de 1924 a 1928. La última parte seguirá el colapso final de Weimar de 1929 a 1933.
En muchos sentidos, el primer periodo de Weimar fue el más difícil, ya que confrontó una serie de crisis, cualquiera de las cuales pudo haberla hecho caer. La República de Weimar subió al poder al principio de la caída del Imperio Alemán, un evento que fue un gran golpe para muchos Alemanes, ya que el Imperio era la primera institución que unía a la mayoría de los Alemanes en un solo Estado. Este sentimiento de desilusión era fuerte en muchos. Sin embargo Weimar también tenía otros problemas. La Gran Guerra le había costado a Alemania una tremenda cantidad de gente y material, dejando la economía devastada. Además, el Tratado de Versalles, firmado en 1919, era punitivo y duro. Dada la plática de paz sin victoria y paz entre iguales de Woodrow Wilson, las exigencias de este tratado fueron una sorpresa para muchos Alemanes.
Las debilidades obvias de Weimar y la inestabilidad general del periodo de post-guerra generaron múltiples atentados Putsch. En 1919, un grupo de extrema izquierda conocido como los Espartacistas se levantaron en armas para declarar que Alemania se había vuelto una república comunista y fueron reprimidos brutalmente. En 1920, un ex-oficial militar llamado Wolfgang Kapp llevó a cabo una revuelta de derecha en Berlín que fue únicamente parado por una huelga general. Finalmente, en 1923, Adolf Hitler hizo su famosa apuesta por el poder en Munich, llevando a cabo el llamado “Putsch del Salón de la Cerveza” (Beer Hall Putsch). Este Putsch también fue reprimido y los principales organizadores fueron encarcelados, aunque tuvieron sentencias ridículamente cortas. Que la República de Weimar sobreviviera este periodo fue gracias al ascenso de grandes políticos, como por ejemplo Friedrich Ebert, un socialista pragmático y el primer presidente de Alemania, y Gustav Stresemann, un empresario pragmático y el Ministro de Relaciones Exteriores más importante de Weimar. Estos dos hombres, entre muchos otros, le dieron a Weimar un paso seguro—tanto como era posible bajo las difíciles circunstancias.
El problema más grande de Weimar durante sus años tempranos fue sin embargo, la gran inflación de la post-guerra. Antes de la Primera Guerra Mundial casi no habían ocurrido inflaciones, ya que las ofertas de dinero permanecieron relativamente constantes. Pero la guerra cambió las cosas, especialmente en Alemania. El gobierno del Impero Alemán había seguido una política económica muy imprudente, pagando los costos de la guerra imprimiendo dinero, en vez de incrementando los impuestos o pidiendo préstamos. Los Ingleses estaban en una posición un poco mejor después de la guerra, ya que habían aumentado sus impuestos y pedido prestado enormes cantidades de dinero tanto de su gente como de los Estados Unidos. Aún así, al final de la guerra, mucho dinero sin valor estaba circulando en Alemania. El tratado de Versalles empeoró incluso aún más la situación, porque le robaba a Alemania sus zonas industriales clave para pagar las reposiciones a los Franceses y los Ingleses. El Saarland Alemán, una región productora de carbón, le fue dada a los Franceses por 20 años, para que los pagos pudieran ser extraídos. Al final, el gobierno de Weimar se vio forzado a imprimir más dinero, lo que llevó a un desastre político porque la inflación le pegó a exactamente aquella gente que debió de haber sido el apoyo más fuerte de Weimar, es decir la clase media. Esta clase de gente vivía en el interés que sacaban de una cantidad fija de capital. Si la inflación era baja, los rentistas podían vivir una vida muy confortable, libre de preocupaciones. Desafortunadamente, esta gente fue destruida por la gran inflación, lo cual no los dejó con buena disposición hacia el nuevo régimen.
Vamos a considerar más detenidamente el problema de la inflación. Entre 1914 y 1918 el Reichsmark perdió la mitad de su valor. Esto no era peor para otros países Europeos; la libra Inglesa también perdió el 50% y el Franco y la Lira el 83%. Sin embargo de 1919 en adelante la situación se volvió seria. En Enero de 1919 el Reichsmark estaba a 8.57 por un dólar Americano. Para Diciembre de 1919 el ratio era de 48.3 a 1. En Noviembre de 1921 el Ratio era de 245 a 1. Un año después era de 7’350 a 1. Para Noviembre de 1923, el ratio había llegado a 7’350 por 1. En este ambiente la estabilidad política era casi imposible de alcanzar y el resentimiento popular creció. Las clases bajas y medias fueron arrasadas por la inflación, al quedar destruidos los pequeños negocios en toda Alemania. Sin embargo a los prestamistas grandes y especialmente las corporaciones grandes, les fue muy bien. Esto creó resentimiento entre los operadores pequeños, quienes creían que los ricos se estaban enriqueciendo a su costa. Una gran cantidad de simpatía por las causas del ala derecha entre la población Alemana fue un resultado infortunado.
La debilidad política de Weimar era particularmente notable en el incremento de asesinatos políticos. Entre 1919 y 1922 hubó más de 400 asesinatos de figuras políticas. En 1922 por ejemplo, el ministro de Relaciones Exteriores Alemán, Walter Rathenau fue asesinado mientras salía de su casa para trabajar. Estos asesinatos tenían un tono marcadamente político, ya que la mayoría provenía de partidarios disgustados del antiguo régimen. Por ejemplo, entre 1919 y 1922 hubo 22 asesinatos de políticos conservadores perpetuados por extremistas de izquierda. Sin embargo en este mismo periodo, hubo 354 asesinatos de políticos liberales por extremistas de derecha. Quizás más sorprendente son las diferentes maneras en las que el gobierno Alemán reaccionaba a estos asesinatos. De los 22 asesinatos cometidos por los izquierdistas, la policía no obtuvo ninguna confesión, pero las cortes condenaron 22 veces. En el caso de los 354 asesinatos cometidos por los de derecha, la policía obtuvo 50 confesiones y las cortes condenaron 24 veces. Lo que podemos ver aquí es que muchos en la burocracia Alemania eran aún leales al viejo sistema imperial y mostraban claramente su simpatía a la violencia del ala derecha en contra del nuevo gobierno.
El gobierno de Weimar fue confrontado con su mayor crisis con la invasión Francesa del Ruhr en 1923. El gobierno Alemán dejó de pagar reparaciones al principio de 1923, clamando que no tenía suficiente dinero para pagarlas. Los franceses rápidamente invadieron el Ruhr, que era la zona más importante industrial de Alemania, y comenzó a enviar por barco a Francia todo lo que esta economía regional estaba produciendo. El gobierno alemán respondió llamando a la resistencia pasiva. Los Alemanes en el Ruhr fueron alentados a ponerse en huelga, y el gobierno les prometió un ingreso. Desafortunadamente, el gobierno no tenía el dinero para pagar la resistencia pasiva y fue forzado a imprimir más dinero para apoyar a los huelguistas. Esto solo exacerbó la frágil situación económica en la Alemania de Weimar. Alemania solo evitó el colapso completo suspendiendo la campaña a finales de 1923.
Por suerte para Weimar, sin embargo, la economía Alemana se recuperó justo cuando las cosas se veían sombrías. El periodo 1924 a 1928 es considerado como el periodo de oro de Weimar, y su giro económico estuvo enraizado en dos factores. El primero fue una reforma necesaria en la moneda basado en una novedosa ficción legal. Hjalmar Schacht, el director del Reichsbank Alemán lidió con la inflación emitiendo una nueva moneda, el Rentenmark. El problema central para esta nueva divisa era sin embargo, que Alemania no tenía ningún oro con que respaldarla. La guerra y la cuenta de reparaciones Alemana había repletado las reservas de oro Alemanas, y como entonces el dinero estaba respaldado por oro, Alemania no tenía nada con qué inspirar confianza en los nuevos billetes. Schacht entró al rescate con una ficción ingeniosa, sosteniendo que el Rentenmark estaba respaldado por toda la tierra en Alemania. Esto pareció funcionar; los Alemanes aceptaron la nueva divisa y comenzaron a hacer negocios de nuevo.
El segundo factor en el auge de Weimar fue la diplomacia brillante de Gustav Stresemann. Stresemann era un hombre imperial de antaño. Había hecho su dinero en los negocios antes de entrar al gobierno, y permaneció fiel al Kaiser. Stresemann cambió su opinión sin embargo, después de la guerra, decidiendo que el Imperio había finalizado. Todo lo que quedaba era sacarle provecho a la nueva situación. Una manera de mejorar las cosas era obtener revisiones del tratado de Versalles. En vez de oponerse simplemente a todas las reparaciones, Stresemann enfrentó el problema a través de la negociación. Sus efectos rindieron fruto en 1924, cuando se negoció el Dawes Plan, que disminuyó la cuenta total de las reparaciones y extendió los horarios de pago. Stresemann también negoció la retirada de los Franceses del Ruhr, y en 1925 firmó el Tratado de Locarno, que (supuestamente) fijaba para siempre las fronteras de Alemania. Stresemann y el Ministro de Relaciones Exteriores Aristide Briand (1862-1932) compartieron el Premio Nobel de la Paz por sus esfuerzos en negociar el tratado. En 1926, Alemania también logró ser admitido en la Liga de las Naciones, como seña final que Alemania había sido aceptado diplomática por los estados del mundo. Finalmente, en 1929, hubo otra revisión de la cuenta de reparaciones en el Plan Young, que no sólo disminuyó la cuenta, sino también inyectó capital extranjero (especialmente Americano) en la economía Alemana. La Alemania de Weimar sin embargo todavía tenía problemas serios, ya que mucha de su cultura elitista era rechazada y mofada por el Alemán promedio. Esta era una de las grandes ironías de Weimar. Aunque nosotros modernos reverenciemos la explosión cultural que ocurrió allí en los 20s, muchos Alemanes no se sentían a gusto con los cambios, y esto tuvo implicaciones políticas. Primero tomemos una visión general de la escena cultural. El florecimiento cultural de Alemania ocurrió en toda ella, pero su centro fue Berlin. Berlin era una ciudad grande y “nueva”. Primero, había sido testigo de un periodo explosivo de crecimiento poblacional. En 1850, había 419’000 personas. Para 1910, la población había alcanzado los 3.7 millones. Segundo, por la primera vez desde el siglo XV, Berlin existió sin el Hohenzollern. Así, ya no existía ningún impedimento imperial al cambio cultural, y Berlin rápidamente se volvió la ciudad más permisiva del mundo, donde cualquier cosa era posible.
Berlín se volvió el centro que lideraba al mundo en todas las artes. La cinematografía moderna por ejemplo, comenzó en Berlín, con directores como Fritz Lang y su tienda en Babelsberg, un pueblo justo afuera de la ciudad. La industria Alemana del cine era tan nueva y vibrante que mucha gente iba allí a estudiar el arte de la cinematografía, incluyendo a dos Americanos famosos, Alfred Hitchcock y Orson Welles. En pintura, literatura, teatro, y música, Berlín estaba a la vanguardia. El pintor Expresionista George Grosz, por ejemplo emergió del movimiento Dad en Berlin para volverse la luz guiadora en el desarrollo del Neu Sachlichkeit, o “Nuevo Realismo”, un movimiento que combinaba el arte con la crítica social. El escritor Thomas Mann ganó el Premio Nobel de la Literatura en 1929 con su libro La Montaña Mágica (the Magic Mountain). La transformación de Mann fue remarcable, ya que había comenzado apoyando al imperio, pero rápidamente se convirtió en un crítico social y político. Bertolt Brecht, el guionista Alemán, llegó a Berlin en 1924 para trabajar con los directores y músicos más prominentes de la ciudad. Cambió el teatro moderno a través de su teoría del “teatro épico”, que significaba para él que el público no debía de ser involucrado en la historia, como otros habían creído, sino más bien animada a ver la obra con un desapego crítico. Esto era un rompimiento con las nociones antiguas Aristotélicas del teatro que sostenían que la gente se debía identificar con los héroes. Para Brecht sin embargo, una identificación tan directa llevaba el criticismo social a los márgenes, cosa que él no podía permitir como Marxista. En música, Kurt Weill y Arnold Schoenberg expandieron las fronteras artísticas, Weill con su colaboración con dramaturgos como Brecht, y Schoenberg con su nuevo sistema musical de 12 tonos.
La explosión tremenda de creatividad en Weimar contrastaba enormemente con las actitudes populares hacia ella. Como hemos visto con Grosz y Mann, el Avant-Garde Alemán era muchas veces radicalmente de izquierda, algo que no le agradaba a muchos Alemanes, especialmente a aquellos que seguían siendo leales al imperio. En este contexto, la cultura se volvió inherentemente política, y estar en contra de la Izquierda y su aparente degeneración se volvió una manera de oponerse a los cambios políticos recientes. No sólo Weimar fue incapaz de la estabilidad política que había caracterizado al régimen imperial, sino también permitía a estos degenerados hacer y decir lo que quisieran.
Un ejemplo de qué tan extenso era el miedo de la cultura de Weimar entre los Alemanes es el desarrollo del término Kulturbolschewismus. Esta era una palabra que contenía todo, diseñada para impugnar a toda la gente en la izquierda que eran críticos de los arreglos sociales y políticos de Alemania. Su particular resonancia estriba en la manera en que unía el miedo del Avant-Garde con el aborrecimiento al Comunismo y el tradicional Anti-Semitismo. Muchas figuras importantes en la Revolución Rusa habían sido Judías, como eran muchos líderes Comunistas Alemanes. Además, miembros prominentes de la escena artística Alemana también eran Judíos, particularmente en Berlín. Y no ayudaba nada que algunos de estos Judíos Alemanes eran fuertes críticos sociales. Un ejemplo es el escritor Alemán-Judío Kurt Tucholsky, que atacaba el nacionalismo y el militarismo duramente. Creía que la sociedad moderna era tan corrupta y deshumanizante que públicamente afirmaba que la traición era aceptable. El sentimiento creciente que los Judíos, Comunistas, y los artistas eran una población subversiva y ajena solo exacerbó las tensiones básicas que yacían detrás de la oposición general a Weimar.
Confrontados con estas corrientes culturales peligrosas, muchos Alemanes adoptaron la Ideología Völkisch. Esta ideología era un alejamiento del criticismo cultural de Weimar, ya que trataba de encontrar la certidumbre en la nación Alemana, y cada vez más, en la raza Alemana. El argumento básico era que la gente estaba creada por su ambiente. Alemania era una tierra de bosques y riachuelos, lo que significaba que la gente que vivía allí era formada por el bosque. Hay más que un tinte de Romanticismo aquí, en el énfasis en el ambiente depositaba una conección mística entre la sangre y la tierra (Blut und Boden). Así, la manera de mantenerse en contacto con el verdadero ser de uno era vivir en el bosque. Un ejemplo clásico de esto fue la popularización del Wandervögel, una organización tipo Boy-Scout que enviaba a las personas a escalar y a acampar en el bosque. Nada de esto es necesariamente anti-Semita, aunque lentamente se volvió así, al extenderse teorías raciales que tuvieron como resultado la exclusión explícita de los Judíos por los Alemanes. Los Judíos se originaron en la tierra de Israel, que era un desierto, y esto significó que los Judíos eran por definición gente del desierto y no tenían lugar en Alemania. La caída final de Weimar comenzó entre 1929 y 1933 y llevó consigo muchos de estos problemas y temas. El problema básico era económico. El incremento general en la prosperidad que discutí antes llegó a un final abrupto en 1929 con la caída del mercado de valores Americano. Esta caída precipitó una crisis mundial, ya que los Americanos se vieron forzados a pedir los préstamos que le habían hecho a Alemania, Gran Bretaña y Francia. De pronto, ya no había dinero en Alemania, y el efecto en los negocios era predecible: tenían que despedir a la mayoría de sus empleados o simplemente cerrar, lo que incrementó de súbito el desempleo. Consideren estas estadísticas. En Septiembre de 1928, Alemanía tenía 650’000 desempleados. Un año más tarde este número incrementó a los 1.32 millones. En Septiembre de 1930, este número se había más que duplicado a los 3.0 millones. Para Enero de 1933, eran 6.1 millones, que se traducía en una tasa de desempleo de aproximadamente el 50%. Las consecuencias políticas fueron duras. El Partido Nacionalista extremo perdió 30 asientos este año; de 103 a 73 asientos. Los votos que perdieron los extremos fueron al centro. Los Demócratas Sociales fueron de 131 a 153 asientos, que combinados con el Partido Democrático y el Partido de Centro