martes, 22 de abril de 2008

Sesión 22: La guerra Civil Española

En 1898, España y los Estados Unidos estuvieron en guerra. El resultado nunca se puso en duda, ya que España había dejado de estar en la primera fila de potencias mundiales, y los Estados Unidos pronto estaría en ésta abiertamente. En el Tratado de Paris, que terminó la guerra, España renunció a todas sus posesiones en Cuba y cedió Guam y Puerto Rico a los Estados Unidos. Además, Estados Unidos pagó a España 20 millones de dólares para ganar el control de las Filipinas. Esta guerra marcó el final del largo declive Español hacia la impotencia política y económica, que había comenzado con la Paz de los Pirineos en 1659.
El declive Español estaba anclado en problemas estructurales de antaño en el imperio Español y su economía. El Imperio Español nunca fue tan comercial como el Británico o el Francés; siempre estuvo basado más en la extracción y la explotación que en el comercio. Más aún, España nunca se industrializó con el mismo vigor que otras potencias Europeas; se quedó muy atrás de Italia, por ejemplo, que era el más débil de los más importantes estados industriales de Europa. Así, con lo último de su imperio perdido, la economía de España virtualmente se colapsó. La inequidad en el ingreso bruto y la poca producción industrial y agrónoma dejó a España en un callejón sin salida, del cual no pudo escapar sino hasta que la Unión Europea financió su modernización en los 1990’s. La guerra con los Estados Unidos tuvo efectos significativos en la política Española. Después de la perdida, la monarquía constitucional de España parecía débil e inefectiva, y numerosas llamadas de izquierda y derecha extrema eran hechas a favor de un cambio político drástico. Esto no eran buenas noticias, ya que el gobierno monárquico constitucional de España ya había nacido a la inestabilidad. La constitución entró en vigor en 1878, después de un tumultuoso periodo de conflicto en el cual los liberales de múltiples vertientes y tradicionalistas rurales conocidos como los Carlistas pelearon por el control del gobierno. Los carlistas fueron finalmente reprimidos, pero la cuestión fue que el ejército Español se volvió cada vez más central en la política diaria Española, ya que la necesidad de orden comenzó a abrumar los deseos por una democracia liberal. El ejército aceptó la Constitución de 1878, pero durante las siguientes décadas buscó atentamente signos de debilidad. Una persona que veía de cerca era un joven militar llamado Francisco Franco. Franco venía de una familia naval y quería lograr una carrera en la marina. Desafortunadamente, los Americanos habían hundido la marina Española en el año de su nacimiento, lo que ocasionó que la Academia Naval redujera el número de admisiones. Así, en 1914, Franco escogió entrar a la Academia Militar, una decisión que tendría importantes consecuencias treinta años más tarde.
En 1902, Alfonso XIII llegó al poder entre promesas de mantener la constitución y lograr una reforma moderada. El problema era, sin embargo, que la constitución estaba siendo atacada de todas partes. Los ataques más fuertes venían de la izquierda, mientras Socialistas, Catalanes, y Vascos, todos querían una nueva constitución—aunque por diferentes razones. Los catalanes y los vascos, por ejemplo, ambos querían independencia de Madrid. A esta mezcla se añadían los Anarquistas y los Sindicalistas, ambos quienes querían echar al gobierno fuera. La única diferencia entre todos ellos era el método elegido para hacerlo. Estos dos movimientos más tarde se unieron, volviéndose una fuerza destructiva en gran parte porque no se intentaron dejar de usar violencia. Y claro que también existían los restos del derecho tradicionalista que había causado tantos problemas de 1830 a 1860. Así a principios del siglo XX, España vivió violencia en las calles de todo tipo, viniendo de todas partes y en contra de la constitución existente.
La inestable situación política entonces fue exacerbada por las presiones de las dos guerras, solamente una de las cuales España peleó. En 1909, Marruecos, la última colonia española, se levantó en rebelión, y los españoles instituyeron una leva militar. Esto ofendió una población que ya estaba agitada y llevó a gran parte del país al caos. Los Catalanes, por su parte, utilizaron el tumulto para ganar más autoridad provincial. Luego en 1914 la Primera Guerra Mundial estalló y el gobierno Español permaneció neutral. Esto tuvo tres efectos importantes. Primero, muchos vieron esto como una humillación nacional: la pelea más grande en el mundo estaba ocurriendo y los grandes conquistadores del mundo no participaban en ella. Segundo, España ahora entraba un periodo de rápida industrialización, ya que los Poderes Entente ordenaban grandes cantidades de materiales de los Españoles. Tercero, la industrialización creó en España, por primera vez, una clase trabajadora numerosa, lo que se volvió a su vez una fuente de agitación política. Esto fue particularmente el caso más tarde durante la guerra, ya que las presiones inflacionarias de Europa ocasionaron una caída en los salarios reales. Mientras tanto, la guerra en Marruecos no iba bien. La población de Marrueco no estaba tan interesada en la independencia sino más bien en alguna forma de autonomía gubernamental. Los políticos Españoles estaban dispuestos a negociar, pero los generales Españoles preferían una victoria militar, así que lanzaron otro ataque que resultó en una gran derrota y en una masacre. En 1921, los ejércitos locales destruyeron un ejército Español en la Batalla de Annual. Los líderes del partido opositor estaban decididos a usar la masacre en contra del gobierno real y el parlamento lanzó una investigación que iba a ser publicada. Antes de que pudiera ser pública, sin embargo, un general Español llamado Primo de Rivera planeó un golpe de estado y estableció una dictadura militar. El Rey Español Alfonso XIII apoyó el golpe, ya que estaba harto de que los políticos solamente trajeran desorden a España. La dictadura militar de Rivera fue tanto brutal como eficiente en su búsqueda por la estabilidad. El nuevo gobierno trabajó rápidamente para apaciguar las revueltas locales y huelgas. La represión fue extensiva. Gente tanto de derecha como de izquierda eran ejecutados rutinariamente a través de la asfixia. Las universidades fueron cerradas. Cataluña fue retomada. En Marruecos el gobierno mostró una mano de hierro similar. En Septiembre de 1925, las tropas Españolas arribaron en Alhucemas y derrocaron al líder principal, Abd el-Krim. Para 1927, España había ocupado todo Marruecos.
También se pusieron en orden políticas favorables a la Iglesia Católica para controlar mejor a la población. La Iglesia Española era una institución extremadamente conservadora. Dominaba la educación, lo que significaba que muy poca ciencia era enseñada en las escuelas Españolas, y que los pobres ni si quiera eran enseñados a leer. Todavía en 1927, los niños españoles eran enseñados que votar por los liberales los condenaría al Infierno. La iglesia Española también era dueña de muchas propiedades, controlando muchas granjas españolas e incluso 1/3 de la industria española. Así, las fuerzas revolucionarias en España no tan solo luchaban contra el estado sino también contra la iglesia. Cuando el gobierno finalmente cayó, mucha de la violencia estaba dirigida a la iglesia y sus propiedades.
El gobierno también buscaba estabilidad a través de las reformas económicas. Internamente trató de reformas las estructuras locales de gobierno y apoyó programas extensivos de obra pública para limitar el desempleo y mejorar la infraestructura podrida de España. Rivera también trató de ayudar a los negocios protegiendo las industrias locales. Pero también le hizo un gran daño a los negocios locales a través de un gobierno burocrático entrometido. Mas importante quizás, Rivera tuvo suerte. Durante los primeros años de su gobierno una expansión económica que tuvo lugar en toda Europa incrementó la demanda por productos Españoles. Sin embargo cuando la depresión económica pegó, Rivera fue innecesario. Tanto el gobierno como el rey lo abandonaron, y en Enero 28 de 1930, fue forzado a resignar. Alfonso XIII ahora tenía pocas opciones. Su apoyo a la dictadura lo hicieron extremadamente impopular, y los subsiguientes regimenes militares del General Dámaso Berenguer y el Admirante Juan Bautista Aznar eran demasiado débiles para mantener el orden. Planes para derrocar a la monarquía proliferaban entre los políticos liberales y el ejército. Luego las elecciones municipales se llevaron a cabo en Abril de 1931 y mostraron que el sentimiento popular se estaba volviendo Republicano. Alfonso abdicó y dejó España en vez de luchar una guerra civil.
Así, en 1931, España se volvió una República por segunda vez. (La primera República había ocurrido de 1873 a 1876). En las nuevas constituciones, a los catalanes se les otorgó su tan anhelada autonomía, y un fuerte programa de reforma agraria se llevó a cabo. Desafortunadamente, esto no produjo una estabilidad de largo plazo. La violencia anarco-sindicalista continuó plagando la vida pública, y la economía Española no tenía la suficiente fuerza para proveer un crecimiento constante. Adicionalmente, un contragolpe anti-religioso alejó a muchos Católicos del nuevo gobierno. A los católicos no se les permitía tener puestos en el nuevo gobierno y a todos los grupos religiosos se les prohibía involucrarse en cualquier tipo de negocio. Irónicamente, la extensión del voto constitucional a las mujeres también ocasionó problemas. Tradicionalmente, la iglesia Española era una de las pocas opciones para las mujeres que se quisieran involucrar en la vida pública. Así, los ataques del gobierno a la Iglesia, alejaron a las mujeres españoles del nuevo gobierno. Además, el gobierno también toleró una serie de incendios a las iglesias en 1931, lo que enfureció incluso a los políticos moderados. Un resultado de este enfurecimiento fue la creación de un partido paraguas conservador llamado CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas). Estos dos factores tuvieron un efecto significativo en el siguiente par de elecciones, al ser elegidas mayorías conservadores, hecho que impulsó a la extrema izquierda para involucrarse en aún más violencia. España, como Italia y Alemania en los 1920s se volvía cada vez más polarizada políticamente. Un ejemplo de esta polarización es la batalla creciente entre los Anarco-Sindicalistas y los grupos de derecha. En 1932, José Antonio Primo de Rivera (el hijo del dictador) fundó Falange, el partido fascista de España. Este partido se vio involucrado en una serie de operaciones terroristas en contra de los Anarco-Sindicalistas, haciendo los problemas de violencia callejera en España incluso peor. El ascenso de violencia en el ala derecha luego culminó en otro intento de golpe de estado en Agosto 10 de 1932, en Sevilla por el general Español José Sanjurgo, que fue exitosamente controlado. Al mismo tiempo sin embargo, el gobierno Republicano confrontaba una serie de problemas incluso más serios en la izquierda, al dejar la coalición gobernante los Españoles Socialistas, por estar cansados de tener que negociar con los liberales. En las elecciones de Noviembre de 1933, la izquierda se partió en sus divisiones de Comunistas, Anarquistas y Socialistas duros, mientras que bajo el paraguas del CEDE cada vez se unificaba más.
En Octubre de 1934, los mineros de Asturias se levantaron en una rebelión en contra de la victoria electoral conservadora. Este fue un momento crucial en la historia Española, porque determinó el paisaje político para el resto de la república. Por una parte, el miedo a una Rebelión Roja ahora galvanizaba a la derecha y llevaba al gobierno conservador a reprimir brutalmente a los huelguistas. La izquierda respondió creando su propia organización paraguas, el Frente Popular, que expresamente se oponía al fascismo. Así que ahora tanto extrema izquierda como derecha estaban representadas por grupos paraguas, mientras que el apoyo para el centro político desaparecía. En las elecciones de 1936, el frente popular ganó una victoria muy estrecha sobre la derecha. El resultado en la política fue que el gobierno se involucró en más reformas agrícolas, y le dio autonomía tanto a Cataluña como al territorio Vasco. Como si esto no fuera suficiente para enfurecer a la derecha, el Frente Popular también era hostil a los negocios, lo que deprimió la economía Española y resultó en un desempleo mayor. El resultado fue más inestabilidad y mayor violencia. Los de derecha llevaron a cabo una campaña de terror en contra del gobierno. Los Comunistas se negaban a otorgar su apoyo al nuevo gobierno, ya que querían una revolución completa. En el campo las cosas estaban fuera de control, ya que los campesinos Españoles espontáneamente tomaron toda la tierra que pudieron. Asesinatos políticos también proliferaron: mucho antes de que la Guerra Civil comenzará de hecho 269 personas prominentes habían sido asesinadas por enemigos políticos.
En Julio 17, 1936, el gobierno Español había perdido claramente el control de la situación y el ejército se movió para tomar el poder. El ejército quería tomarlo rápidamente y de un solo golpe, pero tenía un problema: el ejército Español estaba en Marruecos y la marina Española simpatizaba con la izquierda política, lo que significaba que las tropas estaban atoradas donde estaban. La resolución a este problema vino de Alemania y Portugal. Adolf Hitler mandó aviones de carga a Marruecos que luego volaron las tropas de regreso a España, y el dictador Antonio Salazar de España permitió que ayuda saliera de su país. El ejército arribó en España esperando ganar fácilmente, pero fueron sorprendidos por levantamientos grandes de trabajadores en las principales ciudades de España en contra del golpe. Cuando el humo se limpió, España estaba dividida en dos, con las fuerzas Nacionalistas, lideradas por un general de treinta años llamado Francisco Franco, controlando las fuerzas del Oeste y las fuerzas Republicanas (o del gobierno) controlando el Este.
El empate en España invitó a la intervención de las potencias más importantes de Europa. España estaba en una posición estratégica para todos. Gran Bretaña quería acceso a los recursos naturales de España, especialmente sus reservas de hierro. (Esto era una historia de antaño, ya que los Romanos y los Cartaginenses también deseaban estas reservas). Francia quería un gobierno amigable en sus fronteras, y como el gobierno Francés estaba liderado por el socialista Leon Blum, un gobierno de izquierda era un aliado natural. Alemania Nazi, por su parte, quería encerrar a los Franceses al instalar un gobierno hostil en Madrid. Italia quería un gobierno conservador en España por asuntos prácticos de política y también como una oportunidad para ganar prestigio en política exterior. Finalmente la Unión Soviética, que era todavía un paria diplomático, quería por lo menos un gobierno de izquierda en España, sino se podía un Comunista.
Al final sin embargo, tan solo los gobiernos Alemán, Italiano, y Soviético, proveyeron asistencia real. Este fue un problema más grande para la izquierda Española que para la derecha. Gran Bretaña estaba bajo una administración conservadora que encontraba repugnante la idea de ayudar un gobierno pro-comunista. En Francia, Blum estaba bajo ataque del ala derecha de Francia y no estaba en cual ninguna posición para ofrecer apoyo. Y luego la ayuda de la Unión Soviética no era demasiado útil. Las fuerzas soviéticas volaban aviones, manejaban tanques, y ofrecían consejos logísticos, pero estaban bajo órdenes estrictas de no involucrarse en batalla. Además, los soviéticos le vendían material a los Republicanos, en vez de donarlo, demandando oro como pago. Esto vació las reservas de oro de los Republicanos justo en el momento en el cual las necesitaban más.
Los Alemanes y los Italianos sin embargo, proveyeron apoyo directo. 12’000 tropas Alemanas fueron enviadas a España, y los Alemanes proveyeron cerca del 80% del poder áreo Español. Los Alemanes estaban especialmente interesados en probar su equipo y sus técnicas de batalla, ya que a diferencia de los Franceses y los Británicos, no tenían ningún imperio colonial que pudiera ser utilizado como un campo para entrenar al ejército. La más infame de estas pruebas fue el bombardeo de Guernica en Abril de 1937. Este bombardeo fue mucho menos destructivo de lo que se esperaba, pero se volvió un icono anti-fascista, particularmente con la presentación del famoso cuadro de Pablo Picasso. Los Italianos por su parte, mandaron 70’000 tropas, quienes oficialmente eran voluntarios, para luchar en el lado nacionalista, aunque fracasaron miserablemente. También hubo otra fuente de apoyo externo, intelectuales foráneos y activistas que se unieron a las Brigadas Internacionales. Cerca de 40’000 escritores extranjeros, pensadores, periodistas, y activistas corrieron a España a luchar en contra del fascismo. Entre las personas que formaban este contingente estaban Ernest Hemingway, W.H. Auden, y George Orwell. La guerra difícilmente fue un asunto glorioso. En Homenaje a Cataluña (1938) George Orwell ofreció una imagen lúgubre de la guerra, describiéndola tanto como aburrida como sangrienta, marcada mucho por las peleas internas como por las enfrentamientos militares en el lodo. Durante 1937 y 1938, 500’000 personas murieron antes de que los Nacionalistas lograran tomar fuertes Republicanos en Barcelona y Madrid a principios de 1939.
El final de la guerra fue rápido. Después de derrocar a sus oponentes, Franco mandó a los Alemanes y a los Italianos a casa y mantuvo una neutralidad diplomática estricta en el conflicto posterior. Esto fue en gran parte debido a las particulares circunstancias políticas de España. Franco pudo haber sido de derecha, pero no era un fascista y no se clamaba ninguna conexión espiritual al fascismo mundial. En vez, era un líder autoritario de una coalición conservadora que incluía a fascistas, a clérigos, aristócratas, monarquistas, carlistas, y militares. El lado Repúblicano era igual de diverso. Su coalición era conformada por liberales, socialistas, anarco-sindicalistas, Vascos, Catalanes, y Comunistas. Si los comunistas o los fascistas hubieran logrado obtener el control del gobierno Español, las cosas hubieran sido mucho peores para España en los siguientes años. Sin embargo irónicamente, la naturaleza fragmentada de la política Española también proveyó la justificación para la represión política continua. Franco no vio otra manera para escapar la coalición más que la dictadura. Manteniendo las diferentes facciones en linea, de derecha a izquierda, mandaba a España, con fuerza. Y su forma de política dominó la vida pública Española hasta 1975, cuando Franco murió.