jueves, 31 de enero de 2008

Sesión 11: El Marxismo

Para entender correctamente los orígenes del marxismo, necesitamos volver a la sesión en la que hablé sobre las revoluciones agrícola e industrial. Los muchos cambios de los que hablé con respecto a los medios de producción no pasaron desapercibidos en aquel entonces. Casi inmediatamente la gente comenzó a criticar los cambios sociales y económicos que estaban en camino. Los ataques más tempranos estuvieron ligados al romanticismo. Especialmente en Inglaterra, los poetas y escritores comenzaron a criticar el sistema de producción que devaluaba tanto al ser humano como a la naturaleza. Shelley y Wordsworth, por ejemplo, se rebelaron contra la deshumanización que percibían. Sin embargo, su oposición era ampliamente estética y no ofrecían ninguna teoría social. Otros críticos conservadores románticos también atacaron el cambio industrial pero simplemente porque se oponían a cualquier tipo de modernización. De nuevo, ninguna teoría real surgió.
Sin embargo otra crítica surgió, pero en otra línea, que llevaría a teorías sociales sofisticadas, o a lo que llamamos socialismo temprano. Los socialistas tempranos atacaron la revolución industrial desde muchos ángulos diferentes. Algunos se oponían completamente a la industrialización; otros querían verla controlada. Los ataques más importantes vinieron de aquellos que querían controlar la industrialización al reorganizarla. En este enfoque, los teóricos atacaron al capitalismo por su explotación, pero adoptaron nuevos medios de producción. La idea era hacer de la industrialización algo más humano. Aquí debemos tomar nota de los tres grandes socialistas utópicos: Robert Owen (1771-1858), Charles Fourier (1772-1837) y Henri Duc de Saint-Simon (1760-1825). Estos hombres no tenían en común mas que su oposición a la explotación industrial. Karl Marx llamó a estos socialistas utópicos porque no tenían ninguna teoría de la historia. Hablaremos más de Marx después. Pero primero, veamos a cada uno de estos pensadores.
Robert Owen era un rico propietario de molinos. No le gustaban los métodos que su molino utilizaba para explotar a los trabajadores, y pensaba que la explotación estaba destruyendo las cualidades morales de los trabajadores. Desde su punto de vista, ni los capitalistas ni la iglesia hacían lo suficiente para solucionar el problema. Por tanto, Owen quería crear una fábrica ideal que permitiría a los trabajadores desarrollar su potencial personal dentro del ambiente laboral. Estableció este ideal en una comunidad llamada Nueva Lanarck. Aquí las horas de trabajo estaban limitadas, las condiciones laborales mejoradas y fueron fundadas las tiendas en manos de los trabajadores. Los niños iban a escuelas corporativas en vez de trabajar en las fábricas. La teoría de Owen decía que los trabajadores felices eran más productivos. Y estaba en lo correcto; la productividad en Nueva Lanarck estaba muy por encima de las comunidades industriales tradicionales. Desafortunadamente, los costos involucrados eran tan altos que Nueva Lanarck no podía ser reproducida, ni tampoco proveía las suficientes ganancias para los inversionistas. Owen también intentó llevar sus reformas a los Estados Unidos. En 1825 compró 30,000 (treinta mil) acres de tierra de una comunidad religiosa en Indiana y la llamó Nueva Armonía. La comunidad parece haber funcionado bien pero también costó el 80% (ochenta por ciento) de la fortuna de Owen. Este tipo de reforma no tenía futuro financiero.
Charles Fourier propuso una forma muy diferente de reorganizar el trabajo. Estaba convencido de que la mejor forma de aliviar la pobreza era organizar a las personas en comunidades agrícolas pequeñas, que él llamó falansterios. Estas comunidades estarían perfectamente equilibradas para dar apoyo y armonía para todos. Un falansterio no tendría más de 1620 (mil seiscientas veinte) personas. Aparentemente, este era el número máximo de personas que podría vivr en armonía en una comunidad. Cada persona en la comunidad trabajaría en un empleo que fuera adecuado a su naturaleza básica. Por ejemplo, Charles Fourier pensaba que los niños pequeños debían ser puestos a cargo de la administración de la basura. La gente más productiva en la comunidad recibiría la mayor paga. Algunas comunidades fueron fundadas bajo estas características, aunque sin el involucramiento de Fourier. Una comunidad en Massachusetts llamada Brook Farm duró de 1841 a 1846. Otra comunidad en Red Bank, Nueva Jersey fue un fracaso. Los teóricos sociales tendrían que buscar en otra parte.
El Duc de Saint-Simon es el último de los teóricos sociales tempranos. Saint-Simon puede ser llamado fundador de la planeación económica moderna. Él pensó que las comunidades industriales trabajarían mejor si estaban mejor planeadas. Por tanto, la élite política determinaría el mejor uso de los recursos y todos los demás trabajarían en un empleo en particular. Saint-Simon también tenía una fe fuerte en el progreso tecnológico. Desde su punto de vista, el trabajo se mejoraría en la medida en la que se avanzara en las tecnologías. Estas dos ideas tendrían un impacto significativo a largo plazo pues la creencia de que la administración científica y el progreso tecnológico se extendería por medio del capitalismo en el marxismo. Aquellos de ustedes que estudien la historia económica reconocerán que éste se convirtió en un asunto central que separó a Friedrich Hayek de John Maynard Keynes en el siglo veinte.
Ahora debemos poner en perspectiva estos avances. Los Owenitas eran gerentes, más interesados en hacer eficientes las fábricas que en cambiar los fundamentos del sistema. Fourier y Saint-Simon estaban igualmente interesados en resolver las implicaciones para la revolución francesa como en lidiar con la industrialización. De hecho, dos cosas fueron de la mano para sus intereses. Aunque los tres hombres hicieron propuestas para el cambio, lo que faltaba era un rigor through-going filosófico e histórico. Es en este contexto que necesitamos entender a Marx, pues él representa tanto una resolución a este problema filosófico en particular y una unión de las tradiciones nacionales importantes. (Para ahorrar tiempo, voy a dejar a un lado a Friedrich Engels). En Marx vemos la economía británica, la teoría de la revolución francesa y finalmente, la filosofía alemana uniéndose para crear una nueva visión del mundo industrializado.
Antes de hablar de Marx directamente, debemos tomar una desviación hacia la historia intelectual alemana, pues Marx sacó muchas ideas de ese contexto (the word you used in English was backdrop and the translation in Spanish is telón de fondo, but in Spanish it doesn’t make sense if you use that word). Entre las consecuencias más importantes de la revolución francesa está la nueva concepción de la historia que apareció en Alemania. La gente había estado estudiando historia como un campo de estudio durante mucho tiempo. Durante el renacimiento, la historia fue estudiada por sus implicaciones morales; en los siglos dieciséis y diesisiete, apareció un nuevo interés por el recuento de los hechos. Sin embargo, no había una manera sistemática de analizar temas distintos y eventos de la historia desde una misma perspectiva. La religión ya no tenía el encanto que alguna vez tuvo. Más aún, ustedes pueden ver todo lo que quieran en la moralidad y los hechos, pero ¿qué significa realmente la actividad humana a lo largo del tiempo? La nueva concepción alemana de la historia surgió del periodo de la revolución francesa como una forma de procesar y explicar los grandes cambios históricos que estaban en camino. Esta concepción de la historia era una mezcla del idealismo filosófico, el romanticismo y la tradición metafísica occidental.
Como ustedes saben, el romanticismo fue la reacción intelectual más significativa contra la ilustración, pues los pensadores europeos rompieron con el racionalismo rígido de la ilustración. Lo que esto significaba es que la gente rompió con la idea de un universo rígido y mecánico. Para los románticos la naturaleza estaba llena de fuerzas y espíritus. El pensador clave en esta transición fue Friedrich Wilhelm Schelling (1775-1854), un filósofo idealista y amigo cercano de Hegel. Schelling combinó el idealismo filosófico de Immanuel Kant con el romanticismo. Estaba ansioso de expandir el concepto de espíritu de Gottlieb Fichte, y estaba de acuerdo con Fichte en que el espíritu estaba presente en el mundo. Pero quería incluir a la naturaleza dentro del concepto filosófico de Fichte. También veía a la naturaleza como la expresión inconsciente del espíritu, mientras que el hombre era su expresión consciente.
Nos topamos con la historia por medio de Georg Wilhelm Friedrich Hegel. El pensamiento de Hegel emanaba de la tradición idealista alemana. Pero en vez de concentrarse en la naturaleza y el arte, Hegel buscó el espíritu en la historia y exploró la relación entre ambos. Lo que le impulsaba a seguir esta agenda de investigación eran la revolución francesa y Napoleón. La revolución como evento y Napoleón como una figura transhistórica requerían de explicación. Para dar un sentido de la destrucción que siguió después de 1789, Hegel usó al romanticismo y al idealismo. El romanticismo puso énfasis en el proceso de pensamiento de Hegel. El gran cataclismo revolucionario era, por tanto, una señal de crecimiento y poder en vez de degeneración. El idealismo dio a Hegel un camino para poner a la razón en este gran proceso histórico. Para explicar el significado de los grandes eventos históricos era en sí mismo evidencia de que la razón de alguna manera los guiaba. Esta combinación permitió a Hegel tomar una perspectiva universal sobre los grandes eventos de su tiempo, que condensaba en su versión de la dialéctica. De manera más simple, la historia produjo una idea o tesis que provocaba una antítesis. Al final, una síntesis se creaba de las dos que la precedían. Marx tomó este proceso dialéctico, pero como veremos, puso su toque único.
En 1848, dos alemanes radicales obscuros, Karl Marx y Friedrich Engels publicaron uno de los documentos políticos principales del siglo diecinueve: El Manifiesto Comunista. Este pequeño texto era la culminación de una meditación larga sobre las lecciones de la revolución francesa y representaba la aplicación de ideal revolucionario para los efectos sociales y políticos de la revolución industrial. El Manifiesto tuvo un impacto enorme en la manera de pensar de la gente. Era corto, directo y ofrecía una manera coherente de pensar acerca de la sociedad moderna. Analizando los cincuenta años previos, podemos decir que condensaba gran parte del pensamiento europeo entre la revolución francesa y la revolución de 1848.
Comencemos por comprender a Marx en su contexto histórico. Marx nació en 1818 en la ciudad alemana de Trier, una ciudad pequeña al lado del río Moselle. Venía de una familia de judíos secularizados. Su padre, Heinrich Marx, se convirtió al protestantismo el año del nacimiento de Karl, y el pequeño Karl fue bautizado a la edad de seis años. Después de asistir a la escuela en Trier, Marx estudió en las universidades de Bonn y Berlín. Fue en Berlín particularmente cuando confrontó la nueva filosofía hegeliana y el ateísmo académico emergente, pues éste veía la esclavitud del hombre en la religión en vez de la liberación. A principios de la década de 1840 esta combinación de filosofía con crítica religiosa se convirtió en el sello de un grupo conocido como los hegelianos de izquierda. Este grupo, que incluía a Marx, aceptaba la noción hegeliana de que la historia es un gran desenvolvimiento de un proceso racional, pero rechazaban la noción de que el mundo presente era la expresión final de la razón. En la visión de los hegelianos de izquierda Hegel había malinterpretado la historia al percibirla en términos del espíritu. Ellos decían que el espíritu existía en la actividad humana por sí sola. La historia sí cambia pero son los seres humanos –no fuerzas abstractas- las que traen el cambio.
Los hegelianos de izquierda cambiaron la idea del espíritu claramente en la obra de Ludwig Feuerbach (1804-1872). Feuerbach era un hegeliano de izquierda que de hecho había estudiado bajo la tutela de Hegel, aunque aplicaba las ideas de Hegel a asuntos teológicos. En 1841 publicó su más famoso libro Esencia de la cristiandad. Este texto fue extremadamente influyente pues ayudó a dar forma al pensamiento de Karl Marx, aunque también tuvo un gran impacto en otro escritor anticristiano importante: David Friedrich Strauss (1808-1874). En su texto, Feuerbach analizaba a la religión en términos psicológicos y antropológicos, al argumentar que la religión era solamente la proyección de la conciencia humana en el mundo. Los seres humanos crearon e idealizaron el concepto de Dios. La historia de la religión es, por tanto, la historia de la especie humana escribiendo sus ideas acerca Dios en el mundo.
Karl Marx estuvo profundamente impresionado con la inversión de Feuerbach sobre Hegel, y se convirtió en el fundamento de su enfoque filosófico. La Alemania de la década de 1840 no era un lugar hospitalario para la crítica de izquierda. Por tanto, en 1843 Marx abandonó Alemania para mudarse a París, llevándose sus ideas filosóficas radicales. En París, Marx estudió en una tradición intelectual completamente diferente, leyendo la historia de Francia y la teoría social temprana. Después fue a Londres donde se encontró con el pensamiento económico británico. El resultado fue un nuevo enfoque de las dos grandes revoluciones de la época moderna: la francesa y la industrial. Pero Marx realizó sus estudios desde una perspectiva alemana en particular, una que incluía una extensa y complicada teoría de la historia.
Las primeras pistas sobre el enfoque básico de Marx aparecieron alrededor de 1845. En 1844 Marx escribió los Manuscritos económicos y filosóficos. En 1845, escribió La Sagrada Familia. La crítica básica de Marx en estas obras sobre el pensamiento político francés y el pensamiento económico británico era que a ambos enfoques les faltaba sentido de la historia. Por ejemplo, en la visión de Marx, aunque la revolución francesa decía apoyar los derechos universales del hombre, simplemnte representaba los intereses de un grupo: los que tenían propiedad. Por tanto, el universalismo francés fue gestado en la ignorancia de su especificidad histórica, lo que significaba que los teóricos franceses tempranos, como Fourier y Saint-Simon, crearon sus enfoques socialistas sin ninguna conexión con las fuerzas históricas. La evalución de Marx era que aunque los franceses entendían la política, no entendían la historia. Una teoría de la política sin una teoría de la historia era una teoría de la política sin un lugar para el cambio.
Marx percibió muchos de los mismos problemas en el pensamiento económico británico. Marx decía, por ejemplo, que el economista inglés David Ricardo se equivocó al suponer que las condiciones económicas para el capitalismo eran naturales y universales. Ricardo había formulado algo llamada la ley de hierro de los salarios, que sostenía que los salarios siempre se mantendrían cerca de los niveles de subsistencia. Sin embargo, Marx respondía que la prevalencia actual de los salarios de subsistencia era sólo un momento específico en el desarrollo capitalista. Como ven, Marx leyó a Ricardo y a Adam Smith, entre otros, de la misma forma que Feuerbach había leído los textos teológicos. Donde la religión describe la enajenación de Dios por parte del hombre, los economistas describen la enajenación de la economía por parte de los hombres. Para Marx, esta posición es ahistórica pues resulta de un sistema creado. Por tanto, el sistema puede ser cambiado. Marx no desechó completamente al pensamiento económico británico. Incluso si los británicos estaban mal, su instinto básico probó ser correcto: las relaciones económicas determinan las estructuras de la vida social. Armado con Hegel, Marx sostenía que los economistas británicos no habían entendido las dimensiones históricas del pensamiento. Eso era economía sin historia.
Ahora analicemos los aspectos alemanes del pensamiento de Marx. Tocó el turno de criticar a Hegel y a sus aliados filosóficos al argumentar que a la historia filosófica alemana le faltaban conexiones con los acuerdos políticos y económicos que los pensadores franceses y británicos habían descrito. Los hegelianos entendían la historia pero su pensamiento estaba al revés. La dialéctica hegeliana se había quedado en el mundo de las ideas cuando debía ser aplicada a las condiciones materiales de la vida. La historia no era una historia del desenvolvimiento del espíritu; era un proceso de relaciones sociales que estaban determinadas por las relaciones económicas. Al final, las condiciones económicas –y no las ideas- conducían la historia. Para Marx esto significaba dos cosas. Primero, la dialéctica hegeliana había perdido el contacto con el mundo material. Segundo, el mundo material sólo podía ser entendido con la dialéctica. Para Marx, los sistemas económico y político pasaban por las etapas históricas necesarias, que Marx describía como la evolución del feudalismo al comunismo pasando por el capitalismo.
Esto nos lleva al concepto marxista del materialismo dialéctico. Al conjuntar todas las corrientes de pensamiento que hemos discutir, Marx anunció que el socialismo inevitablemente reemplazaría al capitalismo, porque era una forma más racional de hacer las cosas. Escribiendo desde su exilio en París y después en Londres, Marx trató de desarrollar una respuesta materialista al idealismo alemán que –no obstante- hizo extensivo el uso del enfoque idealista a la historia. Marx argumentaba que la verdadera enajenación es la separación del hombre de lo que produce. Si hay algo esencial para la humanidad es que las actividades productivas de la gente tienen lugar dentro de las estructuras sociales. Por tanto, en el capitalismo los trabajadores pierden contacto con las cosas que producen. Marx agregó que la enajenación no es permanente porque el sistema económico puede ser cambiado. Este cambio sucederá como un asunto de lógica e historia. Sin embargo, en la medida en la que el cambio es histórico e inevitable, también es supranacional. El socialismo puede y será esparcido más allá de las fronteras políticas pues el sistema alemán de producción económica también estaba en marcha de acuerdo con las mismas leyes, y el francés y el británico y todos los demás también.
Por tanto, Marx representa una de las síntesis culturales más importantes del siglo diecinueve. Él ofrecía un recuento coherente de la historia, la política y la economía en un gran sistema. Esto era importante en dos niveles. Primero, la teoría marxista de la historia era fundamentalmente optimista. En este sentido llenaba el vacío dejado por la crítica de la ilustración hacia la religión. Mientras que los cristianos alguna vez estuvieron seguros de que el juicio vendría en el siguiente mundo, los marxistas podrían estar seguros de que la revolución del proletariado llegaría. Segundo, las ideas de Marx cumplían con las necesidades percibidas de una comunidad intelectual emergente que buscaba conexiones sin referencia al origen nacional. Por tanto, uno podía ser marxistas en París, Londres, Berlín o Roma. Por medio de su comprensión y optimismo, el marxismo se convirtió rápidamente en la ideología europea más dinámica y de más largo alcance. Los trabajadores del mundo y sus contrapartes intelectuales podrían unirse a la búsqueda de otra totalidad.