jueves, 31 de enero de 2008

Sesión 8: El Romanticismo

Hoy comenzaré una serie de cuatro sesiones que analizarán los “ismos” que el siglo diecinueve trajo al mundo. Si hay algo que podemos decir acerca de Europa en el siglo diecinueve es que estaba llena de ideologías. El mundo se politizó después de 1789. A nivel cultural, casi todos parecían explicar el mundo, reimaginarlo o tomar posiciones críticas a favor o en contra de esto o aquello que molestaba, irritaba, favorecía o satisfacía. Quiero comenzar nuestra discusión de este fenómeno intelectual posrevolucionario con uno de los “ismos” más difíciles de definir: el romanticismo.
¿Qué es? Si vemos lo que hoy en día los académicos llaman romanticismo, encontramos un montón de gente con diferentes aspectos políticos, religiones, nacionalidades, especialidades creativas, actitudes históricas y la lista puede continuar. En ello recae el problema al hablar del romanticismo pues no es un movimiento fácil de identificar a comparación de otros como el marxismo, el liberalismo o el conservadurismo. Parece ser un movimiento político sin que en realidad lo sea.
El romanticismo es mejor descrito como estilo, modo o incluso énfasis. Este nuevo modo tuvo un impacto significativo en todos los aspectos de la sociedad europea trayendo un cambio en el arte, la música, la literatura, el sentido humano del yo, el enfoque hacia la naturaleza, e inclusive alteró la manera de pensar acerca de la política. Discutiremos todas estas áreas durante esta sesión pero primero necesitamos clarificar qué es el romanticismo en comparación con la ilustración. Se acordarán de las primeras sesiones en las que describí a la ilustración como un movimiento crítico preocupado por entender pero también por reformar al mundo. Cultivar la razón era su principal propósito. El romanticismo fue una reacción contra este énfasis en la razón. Los escritores, músicos, pintores y políticos ilustrados hacían énfasis en la elegancia, moderación, proporción y gusto. La combinación de estas características representa la vida del salón y de la corte del siglo dieciocho. En contraste, los escritores, músicos, pintores y políticos románticos enfatizaban la autenticidad, el deseo, la energía y la subjetividad.
Lo que comenzamos ver en el cambio de la ilustración al romanticismo son cambios importantes en el énfasis: un cambio de lo universal a lo individual, del desprendimiento a la pasión, de ambientes cultivados a la naturaleza. Un ejemplo de ello es el estilo de los jardines. Durante los siglos diecisiete y dieciocho la gente apreciaba los jardines franceses pues eran cuidadosamente cultivados y usualmente tenían un patrón geométrico. Sin embargo, para 1800 (mil ochocientos) el jardín inglés era la moda. En este jardín, el estilo era más libre, con árboles plantados aleatoriamente con patrones dispuestos para serpentear a lo largo del terreno. Para los románticos planificar cualquier jardín era intervenir en la naturaleza. No hay distinción alguna entre el jardín francés y el inglés pero que la gente considerara la diferencia entre lo natural y lo no natural nos dice algo importante sobre esta nueva forma de pensar.
A partir de aquí voy a analizar diferentes aspectos del romanticismo en la parte cultural: la música, el arte, la arquitectura y la literatura. Finalizaré con una pequeña discusión sobre la política.
Si podemos identificar el origen del romanticismo, éste sería en Alemania a principios de la década de 1790. Escritores como Friedrich Hölderlin, Friedrich Schlegel, Jean Paul Novalis y Ludwig Tieck desarrollaron su interés en la subjetividad, sensibilidad y emoción que Johann Wolfgang Goethe y Friedrich Schiller habían introducido a la literatura alemana en la década de 1770. En su juventud, antes de volverse conservadores, Goethe y Schiller fueron el centro de un movimiento literario conocido como Tormenta y Premura o Sturm und Drang. The Sturm und Drang había sido fuertemente influenciado por el interés en la sensibilidad que caracterizó el trabajo de Joseph Addison y Richard Steele en Inglaterra y Jean-Jacques Rousseau en Francia. Sin embargo, notarán de la lista del vocabulario que los románticos alemanes eran mucho más jóvenes que Goethe y Schiller, y esto es algo que unificará a todos los románticos. Su relación con el mundo había sido delineada por una combinación de juventud con la revolución francesa. La era revolucionaria tuvo una manera de hacer ver que las cosas viejas estaban pasadas de moda. Hölderlin, por ejemplo, trató de fugarse con la mujer de otro hombre porque según alegaba, ambos sentían una conexión; pero fracasó y comenzó un largo camino hacia la locura. Friedrich Schliegle, sin embargo, fue exitoso en lograr que una mujer, Brendel Mendelssohn, dejara a su marido, lo que generó un gran escándalo.
Los románticos enfatizaron fuertemente la experiencia subjetiva, siempre preocupados por documentar lo que sentían y porqué, y actuando en consecuencia con esos sentimientos. Entre estas líneas, una de las cosas más extrañas que los románticos hicieron fue mandar hacer bustos de sí mismos y enviárselos a sus amigos. Cada amigo entonces escribiría una carta detallada acerca de lo que le hizo sentir la contemplación del busto (Como se pueden imaginar, hay una conexión profunda entre la estética del romanticismo y la pseudociencia del siglo diecinueve llamada frenología). Este primer grupo de románticos dio origen a un segundo, e incluso más joven, que incluía a Clemens Brentano, Achim von Arnim, Joseph Görres, E.T.A. Hoffman y Joseph von Eichendorff. Lo que vemos en estos escritores es un interés creciente en lo supranatural y lo espantoso. E.T.A. Hoffman es un buen ejemplo, pues sus historias estaban plagadas de fantasmas, espectros y espíritus malvados que interactuaba tanto en el mundo natural como en el supranatural.
Un despertar literario parecido ocurrió en Inglaterra, aunque un poco antes. El romanticismo inglés supuestamente comenzó en 1798 con la publicación de los versos famosos de William Wordsworth titulados “Baladas Líricas” Ya he mencionado a Wordsworth en alguna sesión anterior porque nos permite identificar la importancia de la juventud para el romanticismo. Al referirse a la revolución francesa, escribió el libro once (11) del Preludio, ”bendecidos aquellos que estaban vivos, pero ser joven era la gloria”. Wordsworth era parte de un grupo de hombres muy jóvenes que se reunían regularmente para discutir poesía y dilucidar lo profundo de sus almas. La lista de personajes incluye a Samuel Coleridge, Robert Southey, y el científico Humphry Davy, quien por equivocación se creía poeta. Una de las cosas extrañas que Coleridge, Southey y Davy hacían era inhalar el recientemente descubierto óxido nitroso o gas de la risa. Se pueden imaginar cuánta diversión debieron tener drogándose y escribiendo poesía. Estos escritores inspiraron a otra generación de escritores románticos. Autores como John Keats, Lord Byron y Percy Bysshe Shelley nos vienen a la mente. Lord Byron estaba tan apasionadamente comprometido con un mundo mejor que viajó a Grecia para fomentar una rebelión, donde murió de fiebre en 1824.
Había más escritores románticos en otras partes de Europa pero debido a las limitantes de tiempo tendremos que concentrarnos en el arte. Es en el arte en donde realmente podemos ver cuán importante es la subjetividad y la pasión personal para los románticos. En esta parte de la sesión analizaremos a pintores románticos importantes desde la tradición inglesa, francesa y alemana. Comenzaremos con el pintor inglés Joseph Turner y el suizo pero naturalizado inglés Henry Fuseli. Turner llevó al máximo la pintura del paisaje inglés y en particular expresa la importancia de la naturaleza para el artista. Notarán que en su primer cuadro Maggiore (1819) los colores tenues y la manera de pintar hacen que el espectador se sienta dentro del cuadro. Contemplar a la naturaleza tenía el objetivo de provocar una sensación en el espectador. Henry Fuseli llama nuestra atención por sus temas supranaturales que ya hemos discutido. Analicen su cuadro “Night-Hag Visiting Lapland Witches” donde la diosa griega Hécate is drawn to? the niño sangrante. Aquí lo extraño y perverso recuerda al espectador las fuerzas obscuras y malvadas que penetran al mundo.
En Francia, Théodore Géricault es otro buen ejemplo del énfasis romántico en la representación y la inspiración de sentimientos. Su cuadro “La Balsa (The Raft) de Medusa” (1819) estuvo inspirada en un naufragio en el que marineros franceses flotaron en una balsa por días en la costa de Senegal. Noten la emoción, la desesperación en este cuadro. Es difícil no conmoverse por la historia de sufrimiento en este cuadro. Otro pintor francés que enfatizaba la emoción, aunque de manera diferente a Géricault, es Eugène Delacroix. Su cuadro de 1830, La libertad guiando al pueblo es una interpretación optimista y liberal de la revolución de 1830. Aquí se nota la emoción de la batalla en la esfera mundial.
En Alemania, encontramos temas similares, el énfasis en las emociones, la inclusión de los espíritus en el mundo. En ningún caso es más clara esta tendencia que en la obra de Philip Otto Runge. En Morning (1808) Runge incluye tanto imágenes de paisaje como de ángeles, una combinación de la añoranza tanto por el mundo natural como por el espiritual. Quizá el pintor alemán más famoso de este periodo es Caspar David Friedrich. Aquí, especialmente, se ve el énfasis en la soledad y el intento de provocar emoción en el espectador. Veamos dos cuadros de Friedrich. El primero es el Lonely Tree (1822) en el que Friedrich sitúa algo completamente normal, un árbol, en un área abierta cuyo espacio transmite el sentimiento de separación y soledad. El uso de la soledad como tema captura la añoranza por lo absoluto que caracterizó a buena parte del romanticismo. El arte era ahora una forma de sanar lo que se había roto. Vemos el mismo tema en The Wanderer above the Sea of Fog (1818). Aquí se invita al espectador a contemplar su propio sentido de diferencia y separación al considerar sus sentimientos sobre la contemplación del panorama de la naturaleza.
Del arte pasamos a la música. Hay una diferencia entre la música clásica del siglo dieciocho y la música romántica, aunque es difícil situarla en el tiempo. Algunos compositores incluyeron elementos tanto de la música clásica como de la romántica pero es difícil trazar la diferencia. Existe un abismo de diferencia entre Bach y Beethoveen. Pero Mozart y Beethoven comparten algunas características importantes, incluso si Mozart no era romántico y Beethoven sí. El principal elemento romántico es su énfasis en la originalidad y libertad sobre la forma. Los arreglos musicales rígidos y viejos fueron eliminados y nuevas formas aparecieron como el capriccio, el intermezzo, el lied, la mazurka, el nocturno y el preludio. Dos nuevos intereses también surgieron y que serían de vital importancia para la música del siglo diecinueve: la voz humana y el piano. En la medida en la que las viejas formas eran rechazadas, la voz se convirtió en algo muy importante para la música romántica y se mezclaba de manera más extensa con una variedad de instrumentos. El lieder de Franz Schubert es un ejemplo clásico de la combinación del piano con cantantes como si fueran un solo instrumento. La inclusión del canto en la Novena Sinfonía de Ludwig van Beethoven, es quizá el ejemplo más famoso. En Francia, Frédéric Chopin llevó al piano a nuevos horizontes, haciendo su música más personal e intensamente emotiva. Los románticos también exploraron otros temas importantes. Piotr Chaikovski puso música al acontecimiento mundial de la Guerra de Napoleón de 1812, y después durante el siglo diecinueve Eduardo Grieg hizo lo mismo para aventuras populares. Escuchemos para percibir la manera novedosa de incluir emociones en la música. Primero, comparemos a Bach, Mozart y Beethoven. Ahora escuchemos una de los lieder de Schubert. Después Chaikovski.
Ahora, analicemos al romanticismo en la esfera política. Comencemos con la historia y la filosofía. En la medida en la que analizamos la historia y el romanticismo, se hace evidente que el romanticismo no apoyaba ninguna ideología en particular. Los historiadores franceses Jules Michelet y Alphonse Lamartine apoyaban la revolución francesa pues percibían con pasión los eventos históricos. Ya habíamos visto este tipo de sentimiento en Delacroix, quien era un romántico y un liberal. Sin embargo, el conservador francés François Chateaubriand estaba en contra de la revolución y buscaba seguridad en la revolución. En 1802 publicó un libro famoso titulado The Genius of Christianity. Este es un libro importante porque resalta una preocupación fundamental del romanticismo conservador: la búsqueda de autoridad fuera de la esfera política. Para Chateaubriand, la gloria de la cristiandad no estaba necesariamente en su verdad sino en sus rituales y en la jerarquía que creaba. Muchos románticos que añoraban la jerarquía se convirtieron en conservadores y católicos. Friedrich Schlegel es un buen ejemplo. Pero también había románticos católicos que seguían una línea liberal, como Johann Joseph Görres. Podemos ubicar los efectos políticos ambiguos del romanticismo aún más en los románticos británicos. Williams Wordsworth, Samuel Colerdige y Robert Southey comenzaron como liberales de la revolución francesa. Pero todos se desilusionaron. Wordsworth se salió de la política para retirarse a la esfera estética. Por su parte, Colerdige siguió parte de la línea de Wordsworth pero se convirtió en un ferviente cristiano. Finalmente, Robert Southey se convirtió en un Tory sin remordimiento.
Concluyamos haciendo un resumen y viendo hacia el futuro. El romanticismo rechazó los ideales clásicos ilustrados del orden, armonía y equilibrio. Enfatizó al individuo, lo irracional y la imaginación. Encontró belleza en la naturaleza no en el orden creado por el hombre. Estaba profundamente interesado en el pasado por su propio bien. Generó genios de todos tipos, sin importar si eran artistas o figuras políticas, como Napoleón. Sin embargo, estas características también llevaron al romanticismo a esferas más problemáticas. La tendencia hacia la irracionalidad llevaron a los románticos hacia el pasado popular, que se convertiría en la base del nacionalismo moderno. Los románticos se interesaron en las maneras de las personas, recolectando aventuras populares y poemas nacionales. Las disciplinas modernas del folclor y la filología (lingüística) histórica encontraron sus orígenes en el trabajo de los hermanos Jacobo y Guillermo Grimm, quienes recogieron los cuentos alemanes y leyendas. Al valorar lo natural y lo histórico, los románticos europeos ayudaron a impulsar, lo que en última instancia, un patrón destructivo. Fueron los románticos quienes descubrieron la nación, y las naciones se volverían el problema central para el nuevo régimen.